Domingo 18 DE Noviembre DE 2018
Opinión

El pacto

“¡Sí a la vida!”….

 

— Anabella Giracca
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Si algo necesitamos por estos tiempos, es retornar al principio. Al centro de donde parte todo. A la vida. A la esencia. Recuperar aire y respirar esta tierra que paramos queriendo con toda el alma. Porque para sobrevivir en la jungla sin norte, en el laberinto de barbarie, no necesitamos más violencia. Para recuperar la vida, no necesitamos abogar por la muerte. Debemos unirnos por la resistencia, la energía, la paz. Aceptar que necesitamos ayuda, porque somos una sociedad enferma. De gravedad. Víctima de una epidemia que no deja alma libre.

Asusta leer en redes, por ejemplo, la furia colectiva. ¿Sed de venganza? Escuchar propuestas que abogan sistemáticamente por la muerte como solución. “Que los maten a todos”, es la frase más usada recientemente. ¿No será mejor utilizar esa fuerza para unirnos y exigir a las autoridades prevención, aplicación de justicia certera? ¿No será mejor recuperar la educación pública para acuerpar a toda la niñez y juventud? ¿No será más inteligente abogar por empleo o recreación? ¿Por un pacto social que se base en el diálogo, a cambio de la destrucción? ¿No será mejor recuperar un Estado democrático de derecho?

Es fundamental comprender el dolor, pero la pena de muerte es un camino demasiado ingenuo para escapar del problema de violencia que padecemos; una disculpa para no afrontar sus causas reales. Una máscara de supuesto “orden” y “castigo” que no hace más que ocultar incapacidades debajo de la alfombra.

La pena de muerte es signo de atraso, y no hay pruebas científicas válidas que respalden que tiene poder disuasorio sobre la delincuencia. Hoy, su erradicación está cobrando impulso en todas las regiones del mundo. Acá está parcialmente abolida, ya que no se aplica a las mujeres.

No es solución. Simplemente desvía las posibilidades de proporcionar respuestas efectivas, como son las políticas sociales de inclusión. De reducción de la desigualdad. ¿Cortina de humo? Toda ejecución es un acto brutal que deshumaniza a quienes la realizan y disminuye el valor que la sociedad atribuye a la vida humana. Y un Estado democrático no puede, no debe recostarse en ella.

PD: Recientemente el Instituto DEMOS y la fundación PROPAZ, concentraron su energía en condecorar, agradecer a aquellos constructores de justicia que se han desempeñado ejemplarmente en su lucha contra la impunidad y corrupción. Me sumo a los aplausos, a valorar la vida, esa que hoy debe de concentrarse en el bien común. ¡Guatemaltecos por guatemaltecos! ¡Bravo! ¡Y…, sí a la vida! ¡Siempre por la vida!

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