Miércoles 26 DE Junio DE 2019
Opinión

La ley del más cabrón

Sus sueños no son tal cosa, son en realidad oscuras pesadillas con las que contagian al país entero. .

 

Fecha de publicación: 21-08-17
Por: Luis Fernando Cáceres

En realidad esta columna la había ya publicado con anterioridad, pero luego de ser dados a conocer los casos de “La Cooperacha”, “Cooptación del Estado” y los del Micivi no puedo evitar el impulso de hacerla publicar una vez más.

 La ley del más cabrón dicta que aquel que se sale con la suya es hábil y, por lo tanto, ejemplar. Digno de admiración. El que engaña y nadie lo cacha, el que logra romper las reglas sin ser sorprendido, la que alcanza timar un poquito por acá y un poco más por allá, la que consigue no entregar todos los requisitos pero conquista su afán y los que pueden joder un poco al otro, son todos cabrones. Esa es la manera del topado, del arrecho y del cabrón.

Nuestra sociedad ha sido permisiva. Creamos este ambiente en el que al principio toleramos que algunos doblaran algunas reglas y luego fuimos más allá e incluso, les reconocimos cierta audacia por lograr escapar sin consecuencia alguna. Les atribuimos un adjetivo, un calificativo positivo, les creamos el título de cabrón. Y al hacer todo aquello perdimos el Norte ético: el rumbo donde el andar es dictado por principios.

La mordida pasó, del policía al burócrata, al político, al oficinista de empresa privada, al ejecutivo y volvió a dar la vuelta. El ciclo se cerró y nosotros permitimos tal cosa.

En algún momento dejamos de condenar al que actuaba mal y lo elevamos casi al nivel del que actúa bien. El resultado ha sido que tenemos permeada la sociedad de sanguijuelas acostumbrados y acostumbradas a llevárselas de cabrones y cabronas por actuar mal, y eso tiene que parar y tiene que parar ya.

Los que creen que está bien hacer algo malo, los que no logran ver que romper las reglas sí está mal, los que no tienen idea de cómo lograr sus sueños sin robar, timar, mentir o embaucar no deben de tener cabida acá. Sus sueños no son tal cosa, son en realidad oscuras pesadillas con las que contagian al país entero.

Guatemala debe de ser retomada por los que quieren dejar un legado, pequeño o grande, forjado con la sinceridad y con el orgullo de los que saben que construyeron su vida basada en honestidad, trabajo inteligente y habilidades dignas. Esos son los que merecen admiración, los que merecen ser calificados con superlativos. Son ellos a los que les debemos conferir distinción y respeto.

Es reconfortante ver un movimiento colectivo que logra reclamar, dentro del marco de las acciones permitidas en un país regido por un verdadero Estado de derecho, una depuración de sus gobernantes. Sin embargo este movimiento debe ser amplio y debe incluir a todo ciudadano. La tolerancia a la deshonestidad debe ser nula.

Deben de resurgir los caballeros y las damas, deben de volver a levantarse los hombres y mujeres de bien. Tenemos que refundar esta sociedad en los pilares que proveen los valores de nuestros abuelos. Este debe ser un país que se diferencie por la capacidad de sus ciudadanos de desenvolverse  con interacciones basadas en la satisfacción de quien sabe que no debe nada.

Acá deben ser admirados los que logran generar valor y pueden, sin empacho, mantener la mirada alta. Los que saben que lograron vencer el mal, los que entienden muy bien a lo que Virgilio se refería y, lejos de inclinarse ante el mal, actuaron aún más valientes en contra de él. “Tu ne cede malis sed contra audentior ito”, ¡carajo!

Este es de hecho, con toda seguridad, el país de esos hombres y esas mujeres que no esquivan la ruda pelea si defienden su tierra y su hogar. Y hoy debemos defenderla en varios frentes, porque en todos lados están los que creen que robar y mentir está bien. A todos ellos hay que mandarles un mensaje claro: no está bien y no lo toleramos.

Este no es un país para ladrones, no es un país para traficantes ni para lavadores de dinero mal habido, no es una tierra para embaucadores ni para estafadores, ninguno de ellos ni sus socios –los políticos corruptos– tienen cabida acá. Este es un preciado terreno que debe ser reservado para los que quieren construir y no destruir, para los que quieren vivir en paz, los que entienden el valor del trabajo honesto, los que saben invertir para desarrollar y los que quieren avanzar. Este es un país únicamente para mujeres y hombres valientes que no toleran las majaderías de los cabrones.