Martes 19 DE Marzo DE 2019
Opinión

Atentado criminal en Barcelona

— Editorial
Más noticias que te pueden interesar

El pasado jueves 17, en Barcelona, España, un individuo, a bordo de un vehículo automotor, embistió intencionadamente a un grupo de personas en La Rambla, una de las principales avenidas de dicha ciudad, dejando un saldo trágico de 14 víctimas mortales y 132 heridos, algunos de estos siguen en estado de suma gravedad.

Este atentado criminal ocurrió dos meses y medio después (3 de junio de 2017) del ataque terrorista en Londres, Inglaterra, en donde murieron ocho personas (además de los tres atacantes que fueron abatidos por la Policía) y 48 personas resultaron heridas, y a escasos tres meses (22 mayo 2017) del asesinato de 22 personas al término de un concierto en Manchester, Inglaterra.

Este nuevo acto violento se suma a la larga lista de desgracias derivadas de la confrontación, la intransigencia y el espíritu guerrerista en esta etapa de la Humanidad, que lamentablemente siguen traduciéndose en tragedias, sufrimientos, tristeza y horror.

Lógicamente, el atentado criminal y cobarde en Barcelona (Ciudad Condal) ha provocado la alarma general en España, en Europa y en el mundo entero, así como el pesar general en las sociedades civilizadas.

En estos momentos de dolor y pesar nos solidarizamos con el pueblo y gobierno español y, especialmente, con la comunidad catalana. Elevamos nuestras oraciones al Creador por los fallecidos y por los que están sufriendo y guardando luto por sus seres queridos, para que les dé fortaleza espiritual y les ayude a encontrar la resignación y a recuperar el optimismo y la esperanza.

Inequívocamente, la provocación, la intolerancia y la violencia engendran odio, rencor, venganza, destrucción y muerte. Por tanto, no contribuyen a la paz, sino que inexorablemente conducen a la confrontación y al horror de la guerra, con toda su cauda de sufrimiento y pena.

En todo caso, las consecuencias de los choques violentos invariablemente han sido devastadoras y catastróficas para la humanidad. Nunca han sido constructivos ni han alentado una mejor convivencia humana.

Nuestra sociedad no es ajena a esta vorágine de violencia y, por ende, vivimos atribulados en medio de la efusión de sangre, causada por la terrible incomprensión y la imposibilidad de resolver nuestras diferencias de manera pacífica y civilizada. Lamentablemente, seguimos siendo raudos en la diatriba, la grosería, la impaciencia, el abuso, la intolerancia, la amenaza y el diálogo de las pistolas.

La no violencia construye puentes de comunicación, entendimiento, razonabilidad y transigencia. En ese contexto, los problemas y las disputas se resuelven en un marco de cooperación inteligente, de diálogo constructivo y de buena voluntad, por supuesto en un ambiente de paz, de armonía en la diferencia y de respeto.

Etiquetas: