Lunes 12 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La problemática forestal es del carajo

Hay demasiada presión sobre el bosque.

— Gonzalo Asturias Montenegro
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La información pone los pelos de punta: el 57 por ciento de la energía que consumen los hogares guatemaltecos proviene de la quema de leña (que en su casi totalidad es de bosques naturales); y el 43 restante de la quema de derivados del petróleo (búnker, diésel, gasolina), carbón, bagazo de caña, y de lo que generan las hidroeléctricas, los parques eólicos, solares y geotérmicos. La casi totalidad de la leña se destina para cocinar y para calefacción, y solo el dos por ciento para usos industriales.

Al fenómeno de uso masivo de la leña para el hogar, se añaden también otros elementos negativos para la conservación del bosque como son el crecimiento urbano; la extensión de la frontera agrícola (los campesinos demandan cada vez más tierra, y el país no es de dos pisos); la tala ilegal que no controla la Policía (la madera que se comercia dentro de la legalidad tiene garantía de reforestación); las plagas; la quema de bosques provocada por narcoganaderos o inclusive por enemistades que llevan a quemar el bosque del vecino, o sencillamente la quema por accidente. El cambio climático también juega en favor de los incendios, que, por lo demás, la Conred no dispone de fondos ni de equipo para sofocarlos. ¡Es del carajo! En resumen, la pérdida neta de la cobertura forestal del país es de un uno por ciento anual, que nos conduce a que en este siglo nos quedemos sin bosque.

Y para colmo de males, el uso agrícola de tierras de vocación forestal contribuye a que Guatemala sea uno de los países que tiene la mayor tasa de erosión en Latinoamérica. (Las rozas y quemas también destruyen nutrientes que desvalorizan la productividad de la tierra) “En 1950 –dijo José Miguel Leiva a Prensa Libre–, el área agrícola por cada habitante era de entre cuatro y cinco hectáreas, en tanto que ahora es de apenas un cuarto de hectárea”.

Las respuestas a este desafío ecológico debería de ser multisectorial, como, por ejemplo, abaratar aún más el precio de la energía eléctrica, cosa que es muy difícil porque la generación más barata es la hidráulica, que tiene vetos tontos de algunos sectores campesinos que deberían mejor propugnar un diálogo nacional; sacar a las alcaldías del cobro de alumbrado público; la continuación de la electrificación rural por parte del INDE; la educación para un mejor uso de la leña para cocinar (que no arda la leña en la estufa todo el día), y de la utilización de estufas mejoradas; así como el incentivar la siembra de bosques energéticos. La presión que hay sobre el uso de leña también se aliviaría con la industrialización del país, de forma que pasara mano de obra de la agricultura a la industria, y que se desarrollaran así ciudades intermedias con hogares menos dependientes del consumo de leña. Pero, también esto se ve obstaculizado porque Guatemala solo exhibe en el extranjero ingobernabilidad, y poca confiabilidad en el Estado de derecho. Abramos los ojos y comprendamos que nuestro país es poco amigable a la inversión extranjera.

La otra cara (la positiva) de este cuadro que es como de película de terror, figura el Manejo Forestal Comunitario que el Conap realiza por medio de concesiones forestales en algunas áreas protegidas, el cual solo permite el corte de los árboles maduros, lo cual es certificado por firmas internacionales reconocidas. Este tipo de manejo ha tenido el reconocimiento internacional, al punto de que ha sido puesto de ejemplo en Latinoamérica.

En el pasado, si Petén, en vez de parcelarlo en favor de funcionarios y amigos, de militares y aún de campesinos, se hubiera manejado mediante este sistema de Manejo Forestal Comunitario, aún conservaría hoy la cobertura forestal en su casi totalidad. Así, pues, una vez más llegamos tarde a la cita con la historia.

Otro esfuerzo grande lo hace el Inab, mediante el otorgamiento, control y supervisión de las licencias de corte y de los respectivos compromisos de reforestación y de los programas de incentivos (Pinfor, Pinpep, Pro Bosque). El Inab vigila y controla cerca de 490 mil hectáreas de bosque sembrado.

El gerente del Inab, ingeniero Rony Estuardo Granados Mérida, asegura que si el gobierno cumpliera con erogarle a la institución lo que la ley establece, que es de cerca del 1.5 por ciento del presupuesto del Estado, se podría mantener un área semejante a lo que hoy hay de cobertura forestal, salvo eventos catastróficos contrarios. ¡Esta sería la gran apuesta que podríamos hacer como país! Un reto que vale la pena aceptar. ¡Ojalá que así fuera porque este es mejor uso del limitado presupuesto del gobierno que el de dilapidarlo por todos lados, como ahora, incluyendo el desagüe de fondos en los fallidos programas sociales clientelares, que durante los gobiernos de Colom (Sandra), Pérez Molina y Jimmy Morales han sido nido de ratas corruptas! Si hay voluntad, entendimiento, inteligencia y decisión política, sí se puede detener la deforestación; y hay recursos para ello. El problema es que no hay visión, ni voluntad política. Lo que hay, tristemente, es aserrín en la cabeza de los gobernantes.

gasturiasm@gmail.com

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