Martes 20 DE Noviembre DE 2018
Opinión

¿Se puede hacer algo que valga la pena sin contar con el Congreso? (Segunda parte de la columna, No perdamos más el tiempo)

La reforma constitucional circunscrita a un solo artículo de la Constitución permitiría que no votemos a ciegas, es decir, que podamos conocer y discutir plenamente aquello que votemos: El artículo 157, cuando ya reformado, no cambiará otra cosa que la forma de elegir a los diputados que integran el Congreso de la República pero, con esa sola reforma, cambiarán el Congreso y el Estado.

 

— Acisclo Valladares Molina
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Decíamos al finalizar la columna del martes pasado que la reforma que he venido promoviendo –la del Artículo 157 de la Constitución Política de la República– puede mejorarse no solo en la redacción propuesta sino también en su contenido y que oyendo, he llegado hasta el momento a la redacción y contenido que comparto con ustedes, invitándoles a participar en el esfuerzo con la única prevención que respetuosamente me permito formular: No se pretenda reformar más que uno. Con uno es más que suficiente y circunscribir la reforma a uno solo nos permitirá –reitero– que podamos hacerlo con pleno conocimiento de causa –sin distractores– tomando ejemplo, incluso, de la forma en que se hará la Consulta Popular en el caso de Belice, circunscrita a una pregunta, tal y como se convino en el Acuerdo Especial celebrado con Belice, sin ningún tipo de elementos distractores.

Comparto esta columna, especialmente, con Pedro Pablo Marroquín (léase su columna del sábado 5 de agosto en el diario La Hora) y, así, quede también en manos suyas, buenas manos, la estafeta: Si no cambiamos la forma en que elegimos diputados, el Congreso seguirá exactamente igual y con él, el Estado.

Este es el Artículo 157 de la Constitución Política de la República que introduce el Sistema Electoral de los Distritos Pequeños, tal y como quedaría cuando ya reformado:

“Artículo 157.– La potestad legislativa corresponde al Congreso de la República, compuesto por diputados electos directamente por el pueblo a través del sistema electoral de distritos pequeños.

El Tribunal Supremo Electoral distribuirá la República en ciento cincuenta y ocho distritos, teniendo cada uno el mismo número de ciudadanos empadronados o, al menos, parecido, debiendo establecer, dentro del número citado, el distrito o distritos que corresponda a los ciudadanos guatemaltecos que inscritos en los respectivos registros consulares se encuentren en el extranjero.

Cada distrito elegirá un solo diputado y lo hará por sufragio universal y secreto para un período de dos años.

Todo ciudadano podrá inscribirse libremente como candidato a diputado sin necesidad de que le postule ningún partido político o comité cívico electoral.

El diputado podrá ser reelecto en el distrito que le haya elegido, no pudiendo participar como candidato en distrito distinto sino hasta después de celebradas dos elecciones después de su elección.

La campaña electoral para elegir diputados tendrá una duración máxima de noventa días y una mínima de sesenta, contados desde el día en que se convoque hasta aquel de la votación.

El candidato a diputado no podrá gastar en su campaña electoral más que el equivalente a un mil cuatrocientos sesenta salarios mínimos computándose en el caso de los distritos que se encuentren en el exterior el equivalente de los que rijan en el lugar de que se trate.

En caso de falta definitiva de un diputado, sin más, se declarará vacante el cargo”.

¿Se puede hacer algo que valga la pena sin contar con el Congreso? ¿Algo sobre el presupuesto, es decir, sobre los ingresos y los gastos del Estado? ¿Algo sobre las leyes?

¿No determina el Congreso, acaso, todas las leyes que serán aplicadas por los jueces, incluidas las que rigen sus labores y los recursos con que cuenten?

¿No surgen acaso del Congreso las leyes que debe cumplir y que debe hacer cumplir, el Presidente?

¿Se puede hacer que valga la pena sin contar con el Congreso? ¡Bah!

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