Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

El cénit del petróleo

Guatemala ha reducido considerablemente la dependencia de la generación de electricidad del petróleo a través de la generación de energía renovable.

 

— Juan Carlos Méndez / AGER
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Muchos de los conocedores del tema predijeron que para la primera década del siglo actual se alcanzaría el pico de la oferta del petróleo, es decir el punto más alto de productividad a nivel mundial y que por lo tanto, ante el crecimiento imparable de la demanda, las reservas probadas estaban destinadas a agotarse en el plazo de cincuenta años. Esta alarma provocó un incremento descomunal en el precio, llegando a costar ciento cuarenta dólares el barril de petróleo. Los grandes ganadores fueron por supuesto los países petroleros, los fondos de inversión y un puñado de especuladores; los grandes perdedores, todos los ciudadanos del mundo quienes tuvimos que pagar la factura. Cada diez dólares de aumento en el precio del petróleo significa un aumento de ochenta mil millones de dólares.

Ahora bien, el descubrimiento y explotación del petróleo de esquisto principalmente en Estados Unidos, el impulso y abaratamiento de las tecnologías renovables para la generación de electricidad, los acuerdos mundiales sobre reducción de emisiones de gases a la atmósfera y la cada vez más clara tendencia hacia la sostenibilidad energética, lleva ahora a los expertos a pronosticar el pico de la demanda en lugar del pico de la oferta del petróleo.

Compañías como la anglo-holandesa Royal Dutch Shell o la noruega Statoil, entre otras, pronostican que el mundo empezará a disminuir fuertemente su consumo de petróleo en los siguientes diez años, por lo que habrá abundancia del mismo, sin embargo será un producto cada vez menos deseado. Esta situación obliga a estas grandes empresas a replantearse el negocio, lo mismo tendrán que hacer los países altamente dependientes del hoy preciado oro negro.

Lo anterior se corrobora con la decisión anunciada en marzo del año pasado por la familia Rockefeller de retirar sus inversiones de la industria petrolera, carbón y arenas bituminosas, argumentando que no hay una razón sensata para seguir explorando nuevas fuentes de hidrocarburos y que la conducta de Exxon Mobil en temas climáticos ha sido moralmente reprochable.

Indudablemente nos acercamos al final de una era, los tiempos cambian y las sociedades deben adaptarse. El reto que tenemos por delante es enorme y aunque Guatemala ha reducido considerablemente la dependencia de la generación de electricidad del petróleo a través de la generación de energía renovable; la sustentabilidad económica, ambiental y social provendrá de la innovación y la tecnología, materias en las que como país tenemos grandes rezagos.

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