Sábado 12 Agosto 2017
Opinión

Economía medio muerta

— Editorial

Es tanta fuerte la influencia que ejerce la estabilidad macroeconómica sobre la forma en que ciertas autoridades económicas juzga el acontecer económico, que pareciera que aquello de “no news, good news” fuera su modo de operación. La relativa predictibilidad y escasa variación de la tasa de inflación, tipo de cambio, tasas de interés, déficit fiscal y crecimiento económico hace pensar a muchos que la situación económica, sin ser óptima, no es mala del todo. La ausencia de mayores sobresaltos en materia macroeconómica se toma como un indicador de la fortaleza general del sistema productivo nacional. Mientras no ocurran grandes y súbitas variaciones en las principales variables macroeconómicas, la interpretación oficial durante muchos años ha sido que todo está bajo control. Interpretación que algo de cierto tiene, pero que no debería ser tomada como una señal inequívoca que todo marcha bien en los distintos componentes del sistema económico nacional.

En cierto sentido, la marcada estabilidad podría ser también el resultado de un sistema económico que agoniza lentamente ante un prolongado y debilitante malestar generalizado. Situación que ha sido correctamente descrita por algún economista como la “economía zombie”: una economía muerta que aparenta estar viva. Haciendo una analogía con las ciencias médicas, es tanta la estabilidad de los signos vitales del sistema, que bien valdría la pena preguntarse si todavía sigue con vida. Un ejemplo, entre muchos, de esta situación es lo que actualmente sucede con el sector exportador; después de muchos años de afrontar adversas condiciones productivas, mala calidad de la infraestructura, constante apreciación cambiaria, manipulación política de los salarios, ausencia de incentivos económicos a la producción y condiciones internacionales poco favorables, debería ser motivo de sorpresa que el sector siga todavía con vida y muestre algún tipo de resistencia a estos males. Cometen un grave error quienes consideran que las pocas señales de vida que todavía tienen algunos sectores económicos son los primeros signos de una mejoría que está por venir; la realidad bien podría ser la opuesta: los signos de actividades económicas que se resisten a morir.