Martes 12 DE Noviembre DE 2019
Opinión

Retaliación

“Ojo por ojo”

Fecha de publicación: 11-08-17
Por: Álvaro Castellanos Howell

El miércoles, en su programa radial vespertino, el estimado conductor y periodista, José Eduardo Valdizán, realizó una especie de encuesta sobre la pena de muerte. Me llamó mucho la atención el resultado que reportaba de tanto en tanto: un 82 por ciento de sus radioescuchas están a favor de dicha pena.

Recordemos que la muerte, como sanción penal, está vigente en Guatemala y se puede aplicar solamente para ciertos delitos graves (como asesinatos calificados, secuestros, parricidio, violación de menores, y el magnicidio). 

Pero se ha vuelto inoperante, porque entre los tres poderes del Estado no hay forma que se pongan de acuerdo en quién debe decidir peticiones de gracia o conmutación de la pena. Y mientras eso siga así, la pena máxima (así se le llama eufemísticamente) no se puede ejecutar si el condenado a muerte pide la gracia o conmutación, y no hay nadie quién le resuelva.

Sin embargo, más que sobre estos aspectos legales, hoy quisiera reflexionar en lo que me hizo pensar la encuesta del licenciado Valdizán.

No sé porqué, pero lo primero que me vino a la mente fue la llamada Ley del Talión. Esa que coloquialmente la
conocemos como “ojo por ojo…”.

Quizás muchos no, pero al menos yo, estoy acostumbrado a asociar a esa fórmula hebraica que aparece varias veces referida en el Antiguo Testamento, como la expresión máxima de dureza y ausencia de piedad.  Sin embargo, estudiando el tema, pude apreciar que la Ley del Talión fue una de las primeras fórmulas para limitar el sistema de venganza. Sin rebasar aún el vetusto sistema de hacer justicia por la propia mano, esta ley requería que hubiera proporción entre la ofensa y la sanción. Talión viene de la palabra latina “talis” que significa igual o semejante.

Así que de alguna forma, dar muerte por muerte, o por los delitos más graves, pareciera acogerse a este principio de
proporcionalidad.

Sin embargo, desde el siglo XVIII, la ciencia penal ha rechazado el principio de justicia retributiva como rectora en esa materia. Es decir, hoy por hoy, las tendencias penales modernas no se identifican plenamente con el ojo por ojo.

No puedo dejar de mencionar esto, porque por muy entendible que sea la opinión mayoritaria, no deja de ser preocupante que queramos muerte por muerte. Podría ser interesante intentar transitar de esa justicia referida en el Antiguo Testamento, hacia la del Nuevo, específicamente la predicada en el Sermón de la Montaña. Y sí, confieso que soy abolicionista.