Jueves 10 Agosto 2017
Opinión

Hombres de maíz

Jorge Rojas, emite primera llamada.

 

— Helmer Velásquez

En el marco de las actividades del Festival del Centro histórico y Cincuentenario del otorgamiento del Premio Nobel de Literatura a Miguel Ángel Asturias, la Universidad Popular, vuelve por su bella época y coloca sobre las tablas del Teatro Manuel Galich, la obra de Asturias. Esta vez, una adaptación teatral, surgida, de la vena del Maestro Jorge Rojas Fernández que da vida a los personajes de Hombres de Maíz. Historia novelada de inusitada vigencia. Asturias, no necesita presentación, un clásico, cuya exquisitez radica –mal parafraseando el discurso de Sergio Ramírez Mercado, en Filgua 2017– en que cada generación que lo lea, “escuchara” algo nuevo de su obra.

Se trata de un montaje teatral de movimiento constante. Palabra y escena en permanente, ir y venir. Escenografía y tramoya simple, ambienta escenas complejas. Rojas Fernández logra trasmitir el laberíntico mensaje de Asturias. Actores y actrices, en notable esfuerzo escénico, obtienen el laudo favorable de un público, poco acostumbrado al teatro. Sin aquella –incesante– presencia escénica, resultaría ininteligible, el lenguaje asturiano del cual emergen conejos amarillos con orejas de tusa o coroneles sin ventura, masacrando indios rebeldes encabezados por Gaspar Ilóm. El Maestro Raymundo Coy: Un genio del Arte Dramático. Se mantiene con las botas puestas. Siempre arriba de los escenarios. El Maestro Rojas Fernández, cierra la presentación de la mano de sus actores. Y desde el escenario, emplaza al Movimiento Teatral y al público. Al público le recrimina, haber abandonado las butacas. No llenar los teatros, como hace cuarenta años. Aquellos días insurrectos, cuando el público acudía y el Movimiento Teatral, correspondía con calidad y contenido. Teatro de los años setenta.

Del Círculo Teatral, reclama: haber dejado de ser Movimiento, haber abandonado la vanguardia de escena e ideas, desdeñar de la creatividad profunda, dejarse seducir por el vodevil espurio, el chiste callejero y ramplón. Ser “apolítico”, aun en tiempos de paz. Por no buscar reencontrarse con la calidad escénica, superar las cadenas de oscurantismo y mercado. Un acuciante llamado a la transformación absoluta del teatro de hoy. Un histórico desafío para la gente de teatro: público y creadores. Así que, si la primera llamada de Rojas Fernández, no se transforma en última, por la sordera, que aqueja a la sociedad, pronto veremos surgir, como fuego entre maizales, nuevas ediciones de los históricos festivales de teatro guatemalteco. Aquella cantera, que de la mano de Rubén Morales Monroy y en el histórico marco de la –casi centenaria– Universidad Popular, fue partera de creadores e ideas democráticas en este país.