Lunes 25 DE Marzo DE 2019
Opinión

Familia es la comunidad que te cuida

Las redes de la vida son el tejido social donde la solidaridad y el apoyo mutuo garantizan el bienestar colectivo.

 

— Anamaría Cofiño Kepfer
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He leído con detenimiento la Iniciativa 5272, Ley para la protección de la vida y la familia, presentada en el Congreso por desprestigiados diputados. Comparto algunos comentarios para contribuir al debate que merecen los asuntos que pretenden legislar.

Para empezar, el lenguaje y el tono del texto nos remiten a una cultura que promueve actitudes rígidas y sectarias. Su concepto de familia nuclear, como modelo único aceptable, está ampliamente rebasado por una realidad que muestra pluralidad de familias, conformadas de acuerdo con sus circunstancias. Las migraciones forzadas por la miseria, la ausencia de familiares provocada por la violencia, el alcoholismo y el machismo destruyen estrepitosamente su modelo, presentado como el permitido. Para ellos, el matrimonio o la unión de hecho, cuyo fin debe ser la reproducción, solo pueden darse entre un hombre y una mujer. Legislar cómo y con quiénes debemos convivir sobre esa estrecha base conceptual, es querer limitar nuestros deseos, matar la libertad.

En Guatemala, muchísimas familias son grupos heterogéneos que se van conformando de acuerdo con el entorno en que se desarrollan. Lo que existe y es común, son familias monoparentales de mujeres solteras a cargo de su prole, abuelas cuidadoras de nietos; padres irresponsables, abusadores, lejanos; niñez y adolescencia maltratados; gente que se junta para compartir recursos o en búsqueda de afecto. Divorcios, amores clandestinos, parejas por conveniencia, individuos reprimidos, son la cara oculta y real de la sociedad.

  Estos diputados invocan el derecho a la vida desde la concepción, sin establecer hasta dónde debe extenderse la protección a las personas y sus derechos. Pareciera que lo que les interesa es traer criaturas indefensas al mundo para ofrecerlas en el mercado de las adopciones. No mencionan el cuidado y las atenciones especiales que requieren la niñez y la juventud para vivir en paz, como reza la Constitución. Se oponen al aborto y exigen prisión para quienes lo practiquen, menospreciando el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos.

Esta propuesta, por demás retrógrada, que abiertamente invoca la moral cristiana, no solo contraviene el principio de laicidad del Estado que debe prevalecer, sino plantea establecer prohibiciones para imponer sus dogmas. Llegan al extremo de considerar que hablar de diversidad sexual o explicar cómo se han establecido las desigualdades y discriminaciones por género, deben ser consideradas actividades penadas por la ley.

Detrás de este tipo de iniciativas perversas, encontramos los intereses mezquinos de quienes se oponen y atacan toda forma de convivencia alternativa, por temor a que sus relaciones de poder se trastoquen.

Felizmente, son muchas las personas que defienden el derecho a elegir, decidir y actuar libremente. Vivir en armonía implica hacernos responsables de nuestros territorios, cuerpos y vidas. La solidaridad y el respeto mutuo son fundamentales para que la convivencia se transforme en bienestar.

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