Lunes 23 DE Octubre DE 2017
Opinión

Los oidores de la CIDH

El clamor de Guatemala.

 

— Helmer Velásquez
Más noticias que te pueden interesar

En un símil de la Audiencia de los Confines, periódicamente, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos –CIDH–, arriba a estas tierras y escucha razones de la inconformidad de organizaciones populares y sociales. Recogen dolores y traumas. Resistencias. Se informan de la avaricia conservadora y el descalabro de las instituciones de Estado. Oyen sobre arcaicos males y causas: invasión, guerra de conquista y resistencia. Se ponen al día sobre el viejo litigio: tenencia de la tierra; se imponen de las malformaciones de sociedad y Estado y se enteran, en nueva ronda, que la angustia de madres rurales y urbanas permanece: Violencia y migración arrebatan a los hijos. Que usurpación agravada, es el delito favorito de algunos jueces, cuando, “tipifican” la conducta campesina. Documentan relatos de heroísmo, en la resistencia indígena campesina. Es así, que la bitácora de los oidores irá repleta de entuertos y heroísmos.

Uno a uno los voceros –hombres y mujeres– van dejando constancia de atávicos problemas. Una síntesis de ausencias. En lenguaje del derecho: Graves violaciones a los derechos Económico/sociales. Absolutamente todas, por acción u omisión del Estado y la intervención irresponsable de empresas. Van desde ilegal detención de dirigentes sociales, desvío de ríos por fundos palmeros y cañeros, acaparamiento de tierra, ausencia de derechos laborales y libertades sindicales, depredación ambiental. El crimen de las niñas. Hogar Seguro. Esclavitud de niñez trabajadora, trata de menores e inexistencia de política y presupuesto público para atender a los niños. Vacío legal e institucional para la protección de hijos de privados de libertad. Derechos campesinos desprotegidos. Ausencia de Código Agrario. Sabotaje parlamentario a Reforma Constitucional. Resistencia oligárquica al reconocimiento de la jurisdicción indígena. Conclusión genérica: Estado débil y sin recursos. Agravado por gobierno anodino y élite acaparadora. No bastaría, una semana de ediciones de elPeriódico para enlistar, penalidades, propuestas y protestas de este pueblo.

Lo cierto, es que los órganos internacionales –CIDH incluida– son viejos conocidos. Hace décadas que la disputa política interna rebasó fronteras. Son escenarios cotidianos de la política guatemalteca. La élite económica, antes descalificadora de estos campos no ha tenido opción y ha entrado al ruedo, con bandera de desarrollo –encarnado por ellos– versus atraso –indígenas y populares. Olvidan un detalle: comida, trabajo y vida. Son derechos cuya observancia es obligatoria y su defensa debe darse en todos los planos. Nacionales e internacionales. Será frustrante, –eso sí– para la CIDH recomendar a este Estado sordo, ciego y mudo. Que derechos económico/sociales, son democracia y demandar su cumplimiento no merece cárcel ni es insurrección.