Martes 20 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Belice: nuestro canciller repite el error para perder

El excanciller Stein ya le hizo saber los riesgos.

 

— Fernando González Davison
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La solicitud del canciller para que el Congreso apruebe una consulta popular y la tramite al Tribunal Electoral para decidir el futuro sobre nuestro reclamo con Belice, me parece un error estratégico, puesto que solo profundizará otra falencia de nuestro endeble Estado.

 Preguntar si se acepta o no a la población que el caso se dirima en la Corte Internacional de La Haya de manera definitiva no es la vía. En la Constitución se precisa que debe haber una consulta popular al respecto pero no se menciona el tiempo, si antes o después de haber logrado una solución. En todo caso, la interpretación para que se realice antes parece un tanto interesada para que Guatemala pierda de antemano la consulta, puesto que Belice va ir por el no, como lo han mostrado las encuestas, y la población guatemalteca ni siquiera entiende los efectos de lo que se le va a preguntar. Si una parte dice no, no se va a La Haya.

Creo que hay un interés espurio del canciller que Guatemala acelere la pérdida de nuestro reclamo con una consulta. Desde 2008 ha dirigido el tema de Belice, primero orientado a la Comisión de Belice, que se disolvió tras el flagrante yerro de Morales de no fijarse que Belice había cambiado a sesenta por ciento el voto para que la consulta fuera aprobada, y así la misma no se realizó en 2015 como previsto en un acuerdo espurio. Si bien Belice ahora volvió al cincuenta y uno por ciento, lo cierto es que la población beliceña no tiene nada qué ganar en esa consulta y va por el no. El error de origen fue del canciller Orellana de haber acordado con Belice que también hiciera una consulta popular paralela, porque si se votaba no acá o en Belice, el asunto no iba a prosperar y, así, no iba a llegar a la Corte Internacional de la Haya. De esa forma, Guatemala perdería de antemano el pulso con Belice. Eso raya en traición a la patria y el Congreso no debe ahora aprobar la solicitud del canciller porque la estrategia interesada es que Guatemala pierda.

La cruda verdad es que el canciller sabe que Guatemala tampoco tiene una estrategia jurídica valedera para llevar el caso a La Haya. La Comisión de Belice que dejó de funcionar de hecho entre 2011-2017, dejando el tema a cargo de Morales y del general Roberto Letona Hora, que era el canciller de facto durante el lapso de Fernando Carrera, de manera reciente se ha vuelto a integrar, pero con otro nombre:

Comisión de Soberanía. Desestructurada como está aún con rapidez no podrá estar lista para argumentar en La Haya ni en el mediano plazo.

Lo cierto es que Morales quiere aparentar que tiene equipo, pero la estrategia ya es fallida como nuestro Estado. A inicios de este siglo Belice compró a un canciller con un apartamento para que las negociaciones en la OEA fueran favorables a Belice y designó a un árbitro probeliceño. Por eso el Congreso lo retiró del cargo con un voto de falta de confianza. Aún seguimos así con un canciller casado con una señora beliceña y dudo de su criterio porque no llegó a ser abogado como pretende. Deberíamos tener un canciller del peso de Fuentes Mohr, de Molina Orantes, de Eduardo Stein, quien ya le hizo saber los riesgos. Lo cierto es que carece de luces estratégicas para el cargo. Por tanto, el Congreso debe detener la aprobación de su pedido, porque Guatemala se haría harakiri innecesario. La Comisión de Soberanía previamente debe enmendar y no caer de nuevo en el error.

Y ver nuevas posibilidades, como el arbitraje dentro de la misma Corte de La Haya, que no requiere consulta previa y que es mucho más expedito el trámite, menos costoso, para lo cual hay que preparar una sesuda estrategia nacional acorde con nuestros intereses y no los de Belice.

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