Lunes 31 Julio 2017
Opinión

Implementando la guía del despojo

En Guatemala es mentira que la reglamentación de la consulta beneficiará a comunidades indígenas cuando es promovida por la oligarquía nacional.

 

— María Aguilar

La expresión: “Negarse a la reglamentación de la consulta es una manera de polarizar al país” es la respuesta más esencialista y neocolonizadora que los círculos de poder emiten ante el rechazo de colectivos y alcaldías indígenas de aceptar la Guía de implementación de la consulta por el Ministerio de Trabajo.

En Guatemala es mentira que la reglamentación de la consulta beneficiará a comunidades indígenas cuando es promovida por la oligarquía nacional, el mismo grupo que llamó a una sesión de emergencia para oponerse a que el pluralismo jurídico fuese incluido en las reformas a la Constitución.

Con la reglamentación lo que la elite y el Estado buscan es garantizar la certeza jurídica de trasnacionales, proteger la industria extractiva o proyectos hidroeléctricos aunque eso implique aniquilar a pueblos.

Este es un momento clave, porque los pueblos indígenas conscientes han decidido decir ¡No a la implementación de la Guía del Despojo! Rechazarla es el camino de los indígenas frente a la opción que les dan de cavar su propia tumba.

Ha sido la negativa de colectivos indígenas no vendidos al sistema, lo que ha levantado críticas de la oligarquía pero también de grupos de centro y centro-izquierda, quienes acusan a pueblos indígenas de ser irracionales, de rechazar el diálogo, de buscar polarización, de ser divisorios, difíciles, arrogantes o necios.

Las críticas son hipócritas cuando provienen de colectivos con fachadas reformistas o de “nueva política”, para quienes la meta parece ser el orden más no la justicia, quienes buscando construir “una agenda mínima”, terminan apoyando la agenda de la oligarquía, poniendo en riesgo la vida de comunidades, territorios y recursos indispensables para todos como el agua.

Olvidan estos sectores –en su mayoría urbanos y ladinos– que quienes no tienen nada que perder no pueden ser las voces moralistas, “cultas”, académicas o políticas que les “indiquen” a pueblos indígenas ¿qué hacer? respecto a la protección de bienes, territorios o cualquier otra forma de vida. Es momento que los intelectuales ladinos de derecha o izquierda se bajen de su pedestal y vayan a vivir a las comunidades para comprender en carne propia por qué la reglamentación de la consulta mata a los indígenas en Latinoamérica.