Sábado 18 DE Noviembre DE 2017
Opinión

Comunicación gubernamental

El funcionario público tiene derecho a ser escuchado.

 

— mario mérida
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Recuerdo, cuando hace unos años se le recomendó a un presidente informarse y procesar por sí mismo lo que publicaban de él, como persona y funcionario público los medios de comunicación de la época (1993), para reducir la posibilidad de interpretaciones equivocadas o interesadas de su gabinete. Después de unos segundos respondió: Por salud mental no escucho radio, no leo periódicos y no veo telenoticieros… a las pocas semanas se fue.

Las justificaciones del gobernante –de cualquier país– por el incumplimiento de los ofrecimientos de campaña y de problemas que nunca pasaron por su mente, resultan inaceptables para la población, no obstante, el gobernante debe pronunciarse.

Si los medios y las redes sociales aportan su parte a la coyuntura o crisis, entonces es indispensable conocer y determinar su impacto en la población, es decir, solo de esta manera se determina la respuesta oficial y los medios para hacerla llegar a la población inmersa en un mundo altamente comunicado.

Lo anterior tiene más sentido, si reflexionamos acerca del siguiente comentario de Michael Ignatieff: “Tuve que olvidarme de ser listo, retórico y fluido en mi discurso, y empezar a valorar la importancia de establecer una conexión, cualquier tipo de conexión, con la gente que me escuchaba”. “La gente aceptará que no puedes solucionar sus problemas si le prestas toda su atención, mirándola a los ojos, nunca mirando por encima de su hombro”. (Fuego y Cenizas. Éxito y fracaso en política)

El funcionario público tiene derecho a ser escuchado, pero más allá de ese derecho; comunicarse es un imperativo de la política moderna que da buenos réditos, siempre que lo expresado esté acorde con las circunstancias; hacerlo bien, es el reto de cualquier persona que asume la responsabilidad de ejercer cargos públicos.

Las opiniones acerca del estado de la nación están matizadas según los criterios ideológicos de quienes las emiten, sin deslegitimar o acuerpar estas; se infiere más de una coincidencia en cuanto a la necesidad de que el gobernante revise el rumbo, para asegurar el tránsito sin sobresaltos hacia el próximo proceso electoral, lo que conlleva irremediablemente a revisar su relación con otros actores y las ejecutorias de su gabinete, que se observa sin identidad y coherencia ante la situación actual. Pareciera, que algunos lejos de actuar de acuerdo con las circunstancias, apuntalan el  fracaso gubernamental.