Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

El increíble milagro económico chino

Montado en un tren bala.

 

— Gonzalo Asturias Montenegro
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La velocidad del tren bala (más de 300 kilómetros por hora) no me permiten apreciar bien por la ventanilla los árboles, los postes, las casas que visualmente pasan a gran velocidad en dirección contraria a mi ruta, que es de Pekín a Shanghái, un trayecto de cinco horas para recorrer una distancia semejante a la que hay entre Ciudad de México y la Guatemala de la Asunción.

Por asociación de ideas, pienso que China también ha sido una gran locomotora de la economía mundial porque su crecimiento ha sido a una velocidad de vértigo. Imagínese que cuando Mao Tse-Tung murió en 1976, Guatemala le triplicaba holgadamente el PIB per cápita a China, y ahora ellos nos lo duplican. Ellos crecieron a grandes zancadas y nosotros a paso cansino de macho viejo. Esta es la historia.

Mao, que durante casi 30 años gobernó a la China de forma despótica, lanzó El Gran Salto Adelante (1958-61) que consistió en un plan de transformación de la economía agrícola china en la de una sociedad comunista, a través de la rápida industrialización estatal y la colectivización obligatoria, que dejó tras de sí entre hambrunas y masacres políticas entre 18 y 32 millones (según la fuente que se consulte) de chinos muertos. Pronto entre los estudiantes, los profesores universitarios, y sectores del propio Partido Comunista Chino, hubo críticas sotto voce a Mao, que, para recuperar el prestigio perdido, lanzó la Revolución Cultural (1966-76), que fue un movimiento de masas que se dirigía a acabar el pensamiento, la cultura y la educación antiguas, y las costumbres tradicionales. Para ello, se cerraron inclusive escuelas y universidades, a cuyos maestros Mao envió a sembrar arroz. La Revolución Cultural, que fue arbitraria y cruel (los supuestos capitalistas eran asesinados) terminó en un fracaso más grande que el Everest.

Con una gran sonrisa en los ojos, la azafata nos lleva un snack. Yo aprovecho para hablar con mi familia; pero, pronto vuelvo a mis cavilaciones sobre China. Tras la muerte de Mao, los nuevos jerarcas chinos, con Deng Xiaoping a la cabeza impulsaron, sobre todo a partir de 1978, un capitalismo con retórica marxista. Deng dijo que no importaba que el gato fuera blanco o negro, sino que cazara ratones. Bailando con el capitalismo, China produjo un milagro económico sin parangón en la historia de la Humanidad, pues ha logrado sacar de la pobreza a mil doscientos millardos de personas, creando una clase media muy extensa, sobre todo en las urbes, que es un vasto mercado de consumo.

No obstante el progreso a velocidad de tren bala, China aún tiene retos por delante: acabar con los bolsones de pobreza que todavía existen; comprometerse con el cuidado del medioambiente y la descontaminación; y emprender la apertura política, porque si bien la economía china ha transitado aceleradamente hacia el capitalismo, la parte política mantiene los resabios comunistas de represión, censura, inclusive del Internet. ¡Al partido comunista chino no le interesan para nada los derechos humanos!

Llegamos a Shanghái. Mientras recojo el equipaje pienso que el gato comunista de Mao nunca atrapó ningún ratón, en tanto que el gato capitalista resultó ser un buen cazador. La estación, como el propio tren, es limpia, moderna y cosmopolita. Y al salir a la calle, veo que en el chino ha calado el espíritu de shopping.

(Continuará…)

gasturiasm@gmail.com

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