Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Hoy más que nunca

¿Estamos dispuestos a apoyar una cruzada en contra de la corrupción y la impunidad si esta atenta en contra de nuestros intereses, los de nuestra familia o de nuestro sector?

 

— estuardo porras zadik
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Al menos yo, sí, y espero que esta sea la actitud de los que ya fueron expuestos, están en el proceso de serlo o de quienes indiscutiblemente lo serán. Continuar apostándole al ataque sistemático en contra de la labor de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y el Ministerio Publico (MP) es un claro ejemplo de la intolerancia al cambio de algunos. Esta intolerancia existe por temor a la rendición de cuentas o por el simple hecho de no querer que las cosas cambien. La rendición de cuentas llegará, tarde o temprano, y es por ello que quienes han sido parte del círculo vicioso de corrupción e impunidad, deben apostarle al esclarecimiento de la verdad. Los que no quieren que las cosas cambien, continuarán la lucha frontal en contra de la justicia, por lo que sus únicos detractores serán aquellos que se atrevan a denunciarlos y exponerlos.

Solo definiendo nuestra postura seremos capaces de erradicar la corrupción. Para muchos esta definición de postura atenta en contra de sus intereses personales, y es en ese preciso momento en el que más cuesta tomar una decisión. Todos hemos sido  parte de la construcción de la sociedad a la que pertenecemos y la única manera de cambiar nuestra condición existente, es si empezamos por corregir nuestro actuar. El problema es que muchos quieren cambiar sin ver para atrás, sin responsabilizarse de sus decisiones y sus actuaciones y, lo más cínico, exigiendo justicia para sí mismos pero la ley para los demás. Lamentablemente, no se puede. Solo viendo para atrás podremos cambiar el presente, lo cual nos permitirá construir un futuro diferente para las nuevas generaciones.

El viernes pasado, la CICIG y el MP vuelven a sacudir el sistema político-económico de Guatemala con otro tsunami. Esta vez, al develar la estructura de corrupción liderada por Alejandro Sinibaldi, exministro de Comunicaciones del Partido Patriota y hoy, prófugo de la justicia. Una vez más, queda en evidencia la estrecha relación entre los agentes económicos y el Estado. Sin una profunda reforma a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, será imposible romper este círculo vicioso que es clave para que el modelo corrupto e impune funcione. Todo nace del financiamiento de partidos políticos y se traduce en favores, privilegios, negocios multimillonarios y la inevitable cooptación de los tres poderes del Estado. Este modelo permite que algunos agentes político-económicos manipulen a su antojo y en beneficio exclusivo de su interés al Ejecutivo, al Legislativo y al Judicial, permitiéndoles una injerencia sin precedentes que les otorga un poder ilimitado y sin fiscalización alguna. Este poder es capaz de erradicar a sus competidores, crear leyes a la medida de sus intereses y evitar que cualquier resolución en su contra en las cortes sea posible. Estos son los verdaderos intocables. Bueno, al menos lo eran hasta ahora.

No existe justificación alguna para cometer una ilegalidad o un acto de corrupción. Todo acto corrupto o ilegal debe de ser perseguido, juzgado y condenado. Sin embargo, creo que es importante diferenciar entre los arquitectos y operadores de un sistema corrupto y aquellos que se ven forzados a operar en él para sobrevivir, competir o defenderse. ¿Cuántos constructores se vieron forzados a pagar comisiones para lograr que el Gobierno les pagara por obras concluidas? ¿Cuántos importadores son obligados en las aduanas a pagar mordidas para agilizar el trámite de sus contenedores? ¿Cuántos medios de comunicación han tenido que doblegarse a estos poderes por miedo a perder las pautas publicitarias de los megaconsorcios? ¿Cuántos industriales y comerciantes han sido víctimas de competidores desleales que por su patrocinio al poder de turno, llevan a la quiebra a cualquiera que compita con ellos? En resumen, ¿cuántos hemos caído en la ilegalidad y la corrupción para poder competir, mantenernos a flote o simplemente para que el sistema funcione como debe de funcionar?

Julio Carlos Porras Zadik es mi hermano mayor, de hecho, mi único hermano. Estoy extremadamente orgulloso de él, ya que es a él a quien le podemos agradecer el primer paso que da el empresariado guatemalteco hacia un cambio real y lo que es más importante, orgánico. Acosado y prácticamente vencido por los poderes ilimitados y no fiscalizados que operan en Guatemala, Julio Carlos comete el delito de financiamiento electoral ilícito, por el cual ya ha sido juzgado y condenado. En ningún momento justifico su actuar, pero admiro su carácter y ética al afrontar las consecuencias de sus actos. Su argumento es poderoso y debiese de motivar a otros –que como él han sido absorbidos por el sistema–, para cooperar con la CICIG y el MP en la develación de las estructuras que han cooptado el Estado de Guatemala. El camino está claro y por incómodo que sea, debemos de tener el valor de afrontar las consecuencias de nuestros actos, ya que solo así podremos construir una mejor Guatemala. Lo que por mucho tiempo no fueron más que rumores, leyendas urbanas y acusaciones líricas, hoy se convierte en realidad: la CICIG y el MP van por estas estructuras.

Hoy más que nunca apoyo la lucha contra la corrupción y la impunidad. Hoy más que nunca apoyo a la CICIG y al MP. Apoyemos para desarticular a estos poderes fácticos y con ello recuperar la institucionalidad en el Ejecutivo, en el Legislativo y en el Judicial. Definamos nuestra postura en esta guerra entre el bien y el mal, lo legal y lo ilegal, lo correcto y lo incorrecto. Al igual que Julio Carlos, llegó el momento de definir nuestra postura y decidir de qué lado estamos.

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