Martes 13 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Pedro de Alvarado: atemorizar la tierra

Un ser carente de compasión que buscaba infundir temor y aprehensión sobre todo pueblo pero especialmente sobre aquellos reinos que osaron desafiarlo.

 

— Irmalicia Velásquez Nimatuj
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Al largo aporte de los cientistas sociales W. George Lowell, Christopher H. Lutz y Wendy Kramer para comprender la historia colonial de Centroamérica debe sumarse la segunda edición de su reciente trabajo: ‘Atemorizar la tierra: Pedro de Alvarado y la Conquista de Guatemala, 1520-1541’, publicado por F&G Editores y presentado en Filgua.

La lectura de esta investigación debe ser obligatoria si se quiere comprender el poder y la soberbia alrededor de la cual emerge y se construye la actual elite económica nacional, desde el 13 de febrero de 1524, fecha en que Pedro de Alvarado cruzó el río Suchiate proveniente de Soconusco y se adentró buscando llegar a la capital del reino k’iche’, la profunda Utatlán.

¿Por qué argumento que a través de esta lectura se puede comprender la conflictividad del presente? Porque a lo largo de los tres capítulos del libro los autores con magistral uso de archivos y diversas fuentes van configurando el rostro, el carácter, la política, decisiones y acciones de Alvarado, que al unificarlas, no solo proporcionan una fotografía del conquistador español sino extensivamente una fotografía de la elite económica actual.

Los investigadores explican, en base a documentos –muchos de ellos escritos por el propio Alvarado– que era un hombre ambicioso que buscaba permanentemente un beneficio personal, poseedor de una insaciable ambición material, que mantuvo rapaces negocios a costa de la vida de los pueblos originarios a quienes esclavizaba y marcaba, que buscó mantener divididos a los reinos indígenas para doblegarlos, un ser venenoso que aniquiló todo lo que estaba a su paso para lograr sus objetivos y que enfurecido se convertía en una atmósfera de muerte.

Un ser carente de compasión que buscaba infundir temor y aprehensión sobre todo pueblo pero especialmente sobre aquellos reinos que osaron desafiarlo como los k’iche’, que se le enfrentaron desde el primer momento en que piso sus territorios y cuyas pérdidas son imposibles de cuantificar o los Pipiles se que negaron a obedecerle. Es más, terminó siendo un adversario letal contra uno de sus más grandes aliados para lograr la conquista de Guatemala: el reino kaqchikel, cuyos líderes muy tarde aprendieron que con los invasores jamás se negocia.

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