Martes 20 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Las ausentes inspecciones de la DIACO

Y si la DIACO cumpliría a cabalidad lo que la Ley tan explícitamente le ordena.

 

— Silvia Tejeda
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Mirando un noticiero de televisión me sorprendió escuchar a dos personas uniformadas que locuazmente contaban a los televidentes que ellos era inspectores de la DIACO y que andaban supervisando que las ofertas y las promesas que se hacían, en unas tiendas de ropa, fueran cumplidas de parte de los comerciantes. Me alegró mucho escucharlos, porque entendí que por fin, esa institución del ministerio de Economía, hace sus primeros tanes para que a los consumidores no se les engañe con promesas y ofertas que los comerciantes, a la hora de consumirles, no cumplen.

La intención es buena, ya que por algo se comienza y, sin duda, estos inspectores continuarán con su trabajo todo el año. Es alentador sugerirles que enfoquen su trabajo, especialmente en un tema urgente y soslayado como el que significa cuidar la salud del guatemalteco.

Es necesario recordarles que el fin primordial del funcionamiento de la DIACO es “Tomar las acciones pertinentes relacionadas con el Código de Salud y que los bienes de consumo interno e importados cumplan con los estándares de calidad que no impliquen riesgo para el consumo”. Más claro no puede ser el mandato pero, ¿Lo cumple la DIACO?

Como consumidora me hubiera gustado que la inocua Ley de Protección al Consumidor Decreto 06-2003 tuviera mucho más garra para que, certeramente, contara con mecanismos para someter, ante una ley drástica, a todas las empresas que venden bienes y servicios al consumidor y se benefician con las ganancias, sin asumir alguna responsabilidad porque venden productos que no responden y no dan los resultados al consumidor que le han pregonado hasta la necedad. En resumen el mercado contemporáneo ha sido tomado por esta clase de negocios sin escrúpulos, porque encuentran en países, subdesarrollados y analfabetas a los públicos consumidores idóneos para sus engañifas envueltas en atractivas presentaciones, que les brindarán resultados óptimas.

Mercadeos con esas ventajas no existen en países donde sus instituciones gubernamentales responden a su papel de entes fiscalizadores, especialmente de productos relacionados con la salud del consumidor. Por ejemplo en Estados Unidos, si un producto no ha sido evaluado por la Administración de Drogas y Alimentos aclara que ese producto: “No está destinado o determinado para diagnosis, tratamiento, cura o prevención de ninguna enfermedad”.

Entonces, es urgente preguntarnos ¿Ejercen ese control, como una política interinstitucional la DIACO y la Dirección General de Servicios de Salud?, para cuidar que a los consumidores guatemaltecos no se les tome el pelo, con tanta libertad en el consumo de pócimas mágicas que les venden masivamente para poder curarse, no el acné, el catarro o la tos, sino problemas de salud, un poco más serios que, previamente quien los padece, debiera consultar la opinión de un médico y no tomar decisiones peligrosas para curarse los malestares de la Próstata, del Colon, el funcionamiento del hígado, de los problemas anorrectales, las várices, la circulación que se promocionan en los medios televisivos, tan escandalosas y algunas veces escatológicas, para inculcarle al televidente el miedo, el terror ancestral, de que se puede morir pronto.

Frecuentemente, me pregunto si el Colegio Médico de Guatemala se ha dado cuenta de tales promociones y no se inmuta, no reacciona ante tantas promociones riesgosas, o si soy yo la equivocada, la fuera de época, que no se adapta a esos nichos del “Libre Mercado” que se nutren también de la indolencia de las autoridades respectivas, como para que los citen y les adviertan: “Antes de que su empresa tome de incautos a los consumidores, le vamos a retener las muestras de su producto, las vamos a experimentar en algunos pacientes y, después avalaremos su eficacia, para que su empresa no siga engañando tan deshonestamente a nuestra sociedad”. Y si la DIACO cumpliría a cabalidad lo que la Ley tan explícitamente le ordena.

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