Miércoles 21 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Atónito…

— Jose Rubén Zamora
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Con una ligereza irresponsable, la Corte Suprema de Justicia ha suspendido la licencia de explotación y, por tanto, la operación de la minera canadiense San Rafael, con un argumento que carece de base, según las propias fuentes oficiales: que en San Rafael Las Flores existe población xinca que no fue consultada para establecer si favorecía la instalación y operación de la mina de plata.

Sin visitar el lugar y su área de influencia. Sin determinar si los demandantes tienen fundamentos jurídicos sólidos para rechazar la operación. Sin tomar en cuenta si el representante de la institución demandante (CALAS) tiene intereses pecuniarios (comisiones) de por medio, en caso que, debido al entrampamiento legal, la mina San Rafael se viera forzada a aumentar su ofrecimiento a los pocos pobladores que aún habitan la aldea La Cuchilla, de Q45 a US$100 el metro cuadrado de construcción. Dejando de lado si la explotación mineral tiene un feliz encuentro con el medio ambiente. Abstrayéndose de que la mina genera 1,600 empleos directos dignos y bien renumerados, que en tres años ha pagado un millardo de quetzales en impuestos, que de cada Q100 en ventas Q53 se quedan en Guatemala, que diariamente gasta Q3 millones en 600 proveedores que emplean en conjunto alrededor de 15 mil personas, que han propiciado el surgimiento de 150 nuevos negocios en el municipio de San Rafael, que ha invertido Q85 millones en proyectos de desarrollo comunitario, etcétera… la Corte les ha cerrado la puerta en la cara.

Quienes tenemos el privilegio de comer los tres tiempos, incluyendo los flamantes magistrados, olvidamos que cada año 200 mil guatemaltecos cumplen 18 años y demandan trabajo y solo 40 mil consiguen uno, estable y dignamente remunerado, es decir, a los 160 mil jóvenes restantes solo les queda la economía del delito, trabajos informales muy mal pagados que perpetúan el círculo de la pobreza, y la migración, que por cierto cada vez es más compleja y tortuosa. Mientras tanto, nuestras elites siguen sembrando las estacas donde el destino nos va a sentar a todos sin remedio.

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