Lunes 10 Julio 2017
Opinión

Retratando a la Guatemala racista a través de la moda

Es así como mientras nuestras creaciones son comercializadas y explotadas, nuestra existencia como mujeres mayas se convierte en una batalla constante y desgastante.

 

— María Aguilar

Las poblaciones Mayas se encuentran bajo un bombardeo constante de imágenes y representaciones que dicen a gritos que lo blanco, alto y rubio es lo bello. Así que la reciente portada de Look Magazine, no es “novedosa.” Como mayas y como mujeres, estamos acostumbradas a que se nos quiera con trajes coloridos y sonrientes, al mismo tiempo calladas y alejadas. La cercanía y la convivencia se permite en momentos específicos y contados: para llenar cuotas de multiculturalidad o para agregarle un poco de color a una reunión social o diplomática. Quizá en parte, a eso se deba el auge de los diseños que utilizan tejidos mayas, porque permiten tener el color y la belleza de lo “ancestral” sin tener al indio presente.

Hasta hoy en día, la representación de la población maya y de la mujer en concreto se realiza bajo una óptica racista, utilizando un lenguaje esencialista que, además tiende a ser prejuicioso, discriminador, paternalista u hostil. Como mayas somos las sirvientas, las marchantas, las que tienen una marimba de hijos, las desechables, las pobres, feas, sucias… y la lista sigue.

Ni la portada, ni las fotos que acompañan la nota original son las primeras en utilizar lo maya como accesorios, en donde además, la figura blanca es plasmada como la salvadora, que es el concepto en general del reportaje (véase también la imagen donde la diseñadora Francesca Kennedy va seguida por niños llevando a uno de ellos de la mano). En el día a día, se podría hacer una crítica de cómo los meseros del Hotel Panamerican sirven vestidos con indumentaria ceremonial maya, cómo las fotos de eventos organizados por el Museo Ixchel son un mar de blancura adornados con textiles mayas, en fin, ejemplos hay infinitos.

Es así como mientras nuestras creaciones son comercializadas y explotadas, nuestra existencia como mujeres mayas se convierte en una batalla constante y desgastante. ¿Hasta cuándo seguiremos escribiendo sobre racismo en una sociedad que se niega a discutir mucho menos a aceptar su privilegio racial?

Así, basta de excusar representaciones perversas, basta de aceptar disculpas mediocres. Basta de decir que el racismo es inconsciente, benigno o sutil. ¡Ya basta!