Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Opinión

¿Cómo y quién rompe con la inercia?

— Jose Rubén Zamora
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El país experimenta una etapa difícil y compleja, con vientos fuertes de incertidumbre, de expectativas y percepciones moderadamente funestas, fundamentalmente que provienen de agentes y actores económicos claves, cuyo optimismo es vital para que Guatemala no pierda y, al contrario, acelere el camino del crecimiento económico, requisito indispensable –aunque no suficiente– para alcanzar el desarrollo y el progreso social de toda la población.

¿Cómo se puede salir del pantano de estiércol y corrupción en que estamos? ¿Cómo romper con la parálisis, el miedo, la ideologización, los radicalismos y extremismos políticos que nos tienen atrincherados sin remedio? ¿Cómo recuperamos la soberanía de las aduanas de los puertos terrestres, aéreos y marítimos? ¿Cómo sometemos a la Ley al crimen organizado, sobre todo al proveniente del narcotráfico? ¿Cómo construimos una puerta que nos permita salir del laberinto perfecto, es decir, sin salida, en el que estamos viviendo? ¿Cómo armonizamos y conciliamos nuestras costumbres con nuestro marco legal? ¿Cómo las empresas y las personas pueden “limpiar” y “honrar” su pasado a través de resarcimientos e indemnizaciones a la sociedad y sentencias morales caracterizadas por trabajo comunitario, cerrando de tajo el pasado, para poder enfocarse en la construcción del futuro? ¿Cómo el Estado y sus instituciones alcanzan sus metas, objetivos y ejecutan sus planes y políticas sin vulnerar, violar y restringir las leyes y derechos de las personas? ¿Cómo se evita la criminalización –arraigos, embargos, intervenciones injustificadas– y por lo tanto la vergüenza pública en base a indicios, presunciones y especulaciones? ¿Cómo evitar los cobros arbitrarios y las interpretaciones antojadizas de las leyes, específicamente las tributarias?

Mario García Lara lo expresó muy bien: en buena medida la explicación de los problemas que estamos viviendo, la genuina variable causal, es el abismo, el divorcio, añado yo, entre nuestras costumbres y nuestras Leyes.

No es con ocurrencias o acciones tipo parches como se construye el Estado, es con reformas institucionales que fortalezcan y faciliten los procesos jurídicos, políticos, económicos, financieros y sociales.

Las altas Cortes, el Ministerio Público y la CICIG, el Congreso de la República, el poder Ejecutivo, la SAT y la Contraloría General de Cuentas deben explorar, investigar, analizar, diseñar e implantar políticas transicionales para pasar de la siniestra sociedad de la cleptocracia y el narcotráfico, del paraíso de la corrupción, de las transgresiones de las normas y la impunidad, de un Estado capturado por mafias, estructuras paralelas y aparatos clandestinos, hacia un Estado moderno, eficiente, eficaz, capaz de prodigarnos a los habitantes de este país civilización, progreso y paz, procurando, así, que las costumbres de la sociedad refuercen nuestras leyes.

Brasil (en medio de su tormenta) y Perú (con renovado ímpetu), Transparencia Internacional y la OECD, entre otros, pueden darnos luces sobre cuál es el camino a seguir. No debemos ni podemos perder más tiempo. De otra manera, sin transformaciones de fondo, el único escenario previsible, sería el colapso de un sistema y un Estado de depredadores, insaciables, voraces, insensibles a los reclamos y demandas de la gente, que padecen cáncer terminal e incurable, extendido hasta en los últimos rincones de su cuerpo social.

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