Lunes 24 DE Junio DE 2019
Opinión

Somos la reserva de otros

Los países desarrollados nos quieren preservar congelados, como su reserva natural para el futuro.

 

Fecha de publicación: 29-06-17
Por: Méndez Vides

Las bandas de muchachos o adultos vagando entre semana, deambulando en barrios de las ciudades o en los pueblos, es síntoma de una enfermedad que mata, atrae vicios y forja delincuentes: la ignorancia.

Nuestro sistema político parece dedicado a fomentar la inactividad, porque vivimos dedicados a bloquear la producción. No entiendo si el capital guatemalteco productivo en Sudamérica, otros países de la región y lugares exóticos, es producto de un naciente capitalismo chapín emprendedor o si refleja fuga de fortunas en busca de la fertilidad.

Hay gente en nuestro país totalmente dedicada a añorar el pasado idílico de las grandes extensiones de tierra no productiva, haciendas y esclavos. Les gusta la ranchería y los niños barrigones, dedicados al monocultivo del maíz en minifundios de sobrevivencia en tierras escarpadas, comiéndose la frontera de bosque para no agotar la riqueza de la tierra, mientras atacan las grandes planicies de café, caña y novedades de monocultivos anatemizados.

En realidad, somos un país de comerciantes, dedicados a comprar y vender como en el mercado, lucrando con el contrabando como en la época de la Colonia, vendiendo estimulantes clandestinos callada la boca, siendo discretos. Aquí florece la piratería, y no se produce ya mucho porque es más barato comprar a las inmensas fábricas mexicanas, colombianas o chinas, cuya factura se paga con el ingreso por el trabajo de aventureros inmigrantes, ilegales o legales: capital que retorna como remesas de separación y abandono.

El empleo no se abre a los jóvenes porque la educación solo prepara a la masa para vender, hacer negocios, pasear chuchos, usar el azadón, cargar bultos, portar pistola, cuidar a los demás… No estimulamos la producción sino la perseguimos, la bloqueamos, la expulsamos del reino. El ideal es recibir comisiones, quedarse con tajadas en medio sin hacer nada, chupando la sangre a los demás como vampiros mientras predicamos derechos sin obligaciones.

Guatemala saldrá del atraso cuando nos eduquemos y estimulemos la producción. No podemos vivir con la mano extendida como pedigüeños, tal y como actúan las oenegés que se alimentan de donativos destinados a perseguir la producción para mantener apagado el país, porque los países desarrollados nos quieren preservar congelados, como su reserva natural para el futuro. Ellos pueden vivir bien hoy, con las comodidades modernas satisfechas, mientras a nosotros nos toca seguir columpiándonos como Tarzán en lianas, asegurando así el nivel futuro de vida de los países desarrollados.