Jueves 18 DE Julio DE 2019
Opinión

La profesión más importante del mundo

Hace 73 años, un 25 de junio, un grupo de mujeres guatemaltecas marchaba sobre las calles del Centro Histórico en búsqueda de una Guatemala democrática. Entre ellas se encontraba la maestra María Chinchilla Recinos. Fue en la 6a. avenida y 17 calle donde la maestra Chinchilla recibió un balazo y murió. Es por eso que cada 25 de junio, en su nombre, Guatemala conmemora la profesión más importante del mundo: maestro.

 

Fecha de publicación: 29-06-17
Por: Salvador Paiz

El fallecimiento de la maestra Chinchilla habrá inspirado a muchos guatemaltecos a unirse al movimiento, logrando así la caída de la dictadura meses después. Es importante que cada 25 de junio recordemos su historia, porque lo que ella hizo fue convencer con su actuación. Sus acciones, a la fecha, son un ejemplo de sus creencias: buscar la libertad y vivir en libertad.

La profesión docente no es como cualquier otra. Los maestros tienen un compromiso con las necesidades de la sociedad, y esa es la esencia de su labor. En este mundo la memorización es cada vez menos relevante porque la memoria colectiva reside en la nube. Son las habilidades “suaves” (trabajo en equipo, inteligencia emocional, etcétera) las que marcarán el éxito. Por ello el maestro se vuelve más importante. Su labor no es únicamente transmitir conocimientos, sino tocar vidas. Se trata de ayudar a los jóvenes a descubrir sus talentos e inspirarlos a cumplir sus sueños.

Víctor García Hoz, el primer Doctor en Pedagogía en España, hace una reflexión muy interesante en ese sentido. Según él explica, el significado etimológico del término educación, “educere”, tiene dos acepciones. La primera es “conducir”, es decir llevar a un hombre de un estado a otro, y la segunda es “extraer”, es decir extraer de. En su obra, el Dr. García expone que se inclina por la segunda acepción porque “la educación sería la acción de sacar algo de dentro del hombre”. Pero hay algo que le llama profundamente la atención: la perfección que se busca a través del proceso educativo. Según él, gracias a la educación, la persona puede irse perfeccionando.

Para este académico, el proceso educativo es “un proceso de asimilación cultural y moral, y al mismo tiempo como un proceso de separación individual”. Él explica que es un proceso de asimilación, porque los adultos (es decir los maestros) actúan sobre los jóvenes, ayudándolos a que se incorporen en el mundo. Es un proceso de separación individual porque, a través de él, el joven puede descubrirse a sí mismo, sus talentos, sus habilidades y sus  características propias.

Tras reflexionar alrededor de estos conceptos, me parece entonces que, si el fin último de la educación es aspirar el perfeccionamiento del ser humano, este no supone nada más alcanzar objetivos como aprobar el año escolar o aprenderse las tablas de multiplicar, sino algo mucho más profundo. Ese fin último es ser feliz. Las personas buscamos constantemente nuestro perfeccionamiento y crecimiento, porque queremos ser felices. La educación entonces nos ayuda a ser dueños de nuestra vida y a desarrollar nuestra capacidad de vivir libres, como lo anhelaba la maestra Chinchilla hace 73 años.

Este año, recordemos las convicciones por las cuales la maestra Chinchilla manifestó aquel día. Recordemos lo importante y determinante que es la labor docente en el mundo y valorémosla en su justa dimensión. Queridos maestros, de ustedes depende nuestro futuro. Ustedes determinarán la calidad de sociedad en que viviremos. Atrévanse a ser un maestro memorable, aquel maestro que todos recordamos con cariño. Aquel maestro que tocó nuestra vida y la cambió para siempre.