Viernes 15 DE Noviembre DE 2019
Opinión

Sexualidades libres

… autónomas, informadas, elegidas, cuidadas..

Fecha de publicación: 24-06-17
Por: Anamaría Cofiño K.

Puedo imaginar ceños fruncidos, cejas alzadas y gestos de fastidio entre quienes no se atreven a cuestionar las supuestas verdades eternas. En sociedades opresivas como esta, predomina el miedo a abordar cualquier tema tabú que pueda remover las conciencias y atizar las brasas de antiguos conflictos sin resolver. La hipocresía se asume como máscara para evadir la realidad. Sin embargo, si se quiere ir al fondo de problemas como la violencia, es necesario ventilar estos asuntos abiertamente.

Ya no es posible esconder en el ropero un hecho inocultable: las sexualidades humanas son múltiples, diversas, cambiantes. Vivimos y percibimos la sexualidad de diferentes maneras a lo largo de los distintos ciclos de vida y de acuerdo con nuestra condición, formación y elecciones culturales. Las prácticas sexuales, las normativas, las creencias, también se transforman, como corresponde a todo fenómeno social.

Entre feministas, vemos la sexualidad como un eje fundamental de la vida, un aspecto físico y social de nuestras relaciones humanas. Desde hace años es sabido que la sexualidad supera el ámbito de lo sexo-genital, a partir de allí el concepto se amplió al placer, el erotismo, los sentimientos y las sensaciones, la identificación y las atracciones, las pulsiones vitales. Hablamos de sexualidades en plural, visibilizando sus variantes y la mutiplicidad de interpretaciones y prácticas que es preciso reconocer y respetar.

La cultura patriarcal occidental nos ha obligado a creer que la sexualidad nos fue dada por gracia divina para la reproducción, sobre todo a las mujeres. Para los hombres, la ha representado como su instinto incontrolable, el deseo desatado de posesión de un cuerpo de mujer, para descargar tensiones y fluidos. Su participación en la procreación se subestima y con ello, la responsabilidad de asumirla.

Estas y otras ideas similares, son una construcción maliciosa, un entramado ideológico que busca perpetuar el sistema que coloca a las mujeres como objetos para el servicio, y a los hombres como los dueños del poder. He allí una de las claves que permiten entender cómo se vincula la violencia con la sexualidad.

La figura masculina como centro del universo, impone el modelo heterosexual como el único y el mejor, y condena toda otra forma de ser, estar y sentir, repudiándola por rara o diferente. Las mujeres que no se ponen a disposición, son castigadas o tomadas por la fuerza. Los hombres que demuestran ternura y amor, son ridiculizados, y así nos vamos, con ensartas de prejuicios y falsedades que impiden a la humanidad vivir en armonía.

Hoy es uno de los pocos días del año en que salen a la calle las demandas de libertad en nuestros cuerpos. Con derroche de creatividad, colores, y algarabía, se expone y se propone una sexualidad libre de trabas, culpas, violencias, que nos permita vivir a gusto como colectividad. Ojalá llegue el día en que todas las personas podamos disfrutar nuestra sexualidad con placer.