Viernes 23 DE Agosto DE 2019
Opinión

También los llamaría idiotas

Actuar descaradamente significa también que una persona actúe como un tonto.

 

Fecha de publicación: 23-06-17
Por: Silvia Tejeda

Para juzgar y comentar por qué el señor Todd Robinson, embajador de Estados Unidos en Guatemala, calificó de idiotas a los cuatro diputados que se comprometieron con la firma Barnes and Thornburg, por US$80 mil mensuales que equivalen a Q586 mil 400 hasta marzo del 2018, habría que ponerse en sus zapatos como ser humano y como representante de ese país al que generalmente los políticos de turno les sacan millones para programas que nunca ejecutan y que dentro del recinto del Congreso se distribuye el destino de esos fondos para beneficiar empresas allegadas a sus intereses. Si eso fue lo que lo indignó, sería comprensible su reacción.

También es pertinente que se indigne, y que haya dicho que son idiotas los cuatro diputados señalados, ya que siendo Dignatarios de la Nación –como les gusta que se les llame– ¿Por qué no hacen un mejor trabajo para beneficiar al pueblo, sino que misteriosamente se colocaron en la trastienda del Congreso, para actuar como intermediarios de intereses políticos que van como burritos cargados de plata a los Estados Unidos, pagando millonarias cantidades, para que otros influyentes, de aquel país, saquen la cara y abran un camino para chismearle a los Republicanos, acerca de “la victimización que sufren” porque otros les van saliendo al atajo combatiendo un sistema de despojo y corrupción para continuar con el saqueo del país. Imagínese lector, lo contrastante de la imagen, representantes de un pueblo sometido a la miseria y la corrupción, derrochando millones para que no se toquen sus intereses.

Actuar de esa manera es una idiotez porque, no solamente hacen a un lado las capacidades del Canciller guatemalteco del trabajo que le corresponde para dinamizar las relaciones oficiales con ese país, sino que se exponen, como sucedió, a que sean los mismos Estados Unidos quienes nos cuenten –sin tapujos– de las ridículas andanzas que se cargan, abusando de sus cargos tan indignamente.

Ingenuo el embajador Robinson si creyó que eran fondos del Estado los que tan gamonalmente comprometieron, mientras miles de guatemaltecos languidecen de pobreza y abandono, No. No es para tanto. Para ese viajecito no pidieron viáticos –esperemos–. Para eso, ya nos contaron que mantienen el secreto profesional y no nos compartirán qué resultado esperan y quiénes subvencionarán esos millonarios pagos hasta marzo del 2018. Fue una idiotez no meditarlo, y no pensar en que se retratarían de cuerpo entero como diputados –electos por el voto popular–, que aceptan que les financien actividades acordadas, o bien, que se prestan de intermediarios para llevar a cabo misiones especiales, por encargo. Actuar descaradamente significa también que una persona actúe como un tonto. Sería mejor que nos contaran para qué misión de política partidista se prestaron.

Actuar como mancuerna con un sujeto que falsea un cargo que no tiene, y que se empeña en darle al Mandatario una imagen de tonto útil en los Estados Unidos, es una aventura peligrosa. Y aceptar los dólares de las millonarias donaciones que el excomisionado presidencial del migrante recibiría, para colaborar con el pago de los lobistas, los refleja como diputados faltos de escrúpulos, ya que se supone estarían conscientes, de lo delicado del manejo de fondos en dólares, tanto aquí como en los Estados Unidos. Fue también otra idiotez sin reflexión.

Lo que se hace necesario aclarar es que los guatemaltecos no somos ningunos idiotas que se van a tragar ese encadenamiento de argumentos, tapujos y dobles discursos en que el politizado Congreso de la República cayó. No están trabajando para beneficiar al despojado pueblo, sino que, muchos siguen directrices de los mismos intereses sectarios que los mantienen impunes, a cambio de seguirles entregando el despojo del país. Eso es lo más importante que ha salido a luz en el caso de los ofendidos, porque un mortal franco y abierto embajador, se le fue la diplomacia al diablo llamándolos idiotas y no traidores.