Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Circo abierto

Hoy el esfuerzo de presupuesto abierto guarda los niveles de seriedad de los programas infantiles, al estilo de Barney, el Tiranosaurio rex que le gusta bailar y saltar.

 

— Miguel Gutiérrez, del FEDES
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 Recientemente se ha escuchado hablar del proceso de presupuesto abierto. Hasta donde se puede entender de las presentaciones de power point que están en el sitio web del Ministerio de Finanzas (ya que no se encuentra ningún documento conceptual que dé una luz de lo que se trata), lo que se hace es describir por parte de los Ministerios, de forma narrativa con una presentación también de power point el cúmulo de necesidades que deberían ser cubiertas con el presupuesto (como lo hacían nuestros ancestros). Dicen algunos analistas que asistieron que las presentaciones fueron peores que los documentos de power point que se encuentran en la página. Alguien lo resumió como un circo donde llegaban los ministros a presentar sus necesidades, cada ministro hace su show con su maromero y lleva a su porra para que le dé ánimos y aplausos.

Después de una revisión exhaustiva en la red, lo más sustancioso que se encuentra sobre presupuesto abierto está en dos tuits de Carlos Mendoza (comentados por el reconocido tuitero Rex Mamey), y aparte de eso nada menos gaseoso que el helio.

Hasta en los tiempos del gobierno del FRG había un esfuerzo más serio de lavarse la cara con el tema de presupuesto. En aquel entonces trajeron a expertos de la CEPAL para hacer la estrategia de reducción de pobreza (se tardaron tres meses en discutir solamente el nombre, en Segeplan) y lo que finalmente se hizo en ese tiempo, fue tomar unas líneas presupuestarias que ya estaban, empaquetarlas y ponerles el célebre nombre de estrategia de reducción de pobreza.

Eso se lo vendieron a los organismos multilaterales, ellos aplaudieron y financiaron lo que faltaba de presupuesto. Por supuesto, ese loable esfuerzo del FRG tuvo un efecto exclusivamente de marketing, y cero impacto en gasto público o en su calidad.

Hoy el esfuerzo de presupuesto abierto guarda los niveles de seriedad de los programas infantiles, al estilo de Barney, el Tiranosaurio rex que le gusta bailar y saltar. Al menos antes había algún esfuerzo de darle atole con el dedo a la población.

La desfachatez de los contenidos, de este esfuerzo por lavar la cara, de una gestión que no tiene resultados en transparencia del gasto; no tiene parangón en el periodo democrático, cualquier cosa del pasado tenía un poco de más seriedad.

¿Qué puede esperarse en materia de redirección del gasto del gobierno abierto? ¿Acaso un programa de capacitación para las pulgas que infestaron el hospital San Juan de Dios? Y ¿así montar un circo de pulgas? Seria loable, ya que sería el primero, y tal vez, el último proyecto de alianza público privada que concretaría el actual gobierno. Esto sería posible si existiera un poco de flexibilidad en el presupuesto, pero ni eso es posible, así que nos quedaremos con las ganas de ver este proyecto concretado. Con un presupuesto rígido y desfinanciado, la discusión debería de rondar en la Ley de Compras y Contrataciones, transparentar un poquito Covial, transparentar la inversión pública, sin embargo el lema parece ser “El show debe de continuar”.

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