Miércoles 17 DE Julio DE 2019
Opinión

Los falsos Hipócrates de Palm Beach y alrededores

“La gente no sólo está usando más opioides, sino acudiendo a unos más fuertes”. (New York Times, editorial 2 de marzo, 2015).

Fecha de publicación: 21-06-17
Por: Edgar Balsells

En la conferencia del Plan para la Prosperidad, celebrada en la ciudad de Miami la semana pasada, se habló de los millones de dólares que fluirán hacia el área norte del Istmo, muchos de ellos canalizados a través de las megaagencias expertas en Asistencia Técnica que vienen con el catecismo de la teoría del cambio por estos lares.

Buena parte del énfasis de tal teoría, en su aplicación a los contextos subdesarrollados, tiene que ver con salud y educación; pero pareciera ser que sus ponentes están sufriendo de la gran falencia de no predicar con el ejemplo, y es que con tan solo caminar por Palm Beach y los alrededores de Mar-a-Lago, la residencia campestre de Donald Trump, se observa la mercantilización de la salud a extremo, matando gentes por sobredosis.

El reportaje de El País de España, bajo el título La Epidemia de los opiáceos y publicado en elPeriódico el pasado domingo, así parece demostrarlo. Y es que Estados Unidos enfrenta una de las peores crisis de salud pública de su historia.

“Se están yendo todos al cementerio”, afirma un exadicto entrevistado, mientras que The New York Times afirma que tan solo el pasado año, las drogas mataron a más personas que nunca; al menos 59 mil 700, es decir más estadounidenses que en los diecinueve años de guerra en el Vietnam. Y nadie en el establishment washingtoniano pareciera poner la voz de alarma.

Y lo más sorprendente es que el 60 por ciento de tales muertes viene del consumo de heroína sola o cortada con opiáceos sintéticos importados, y que hasta traficantes de poca monta los reciben por correo, gracias a las bondades del poco regulado “librecomercio”.

El fentanyl es el compuesto más común, 50 veces más potente que la heroína y que acabó con el talento y la inspiración del famoso cantante Prince. Pero como si ello fuera poco, el llamado carfentanilo es nada más y nada menos que cien veces más potente que la heroína, y como dice el reportaje: “capaz de sedar con una pizca a un elefante de seis toneladas”.

Mientras la elegante conferencia se desarrollaba en la ciudad de Miami, contando con nuestros invitados especiales de los sectores corporativos centroamericanos y un tanque de pensamiento privilegiado, que recibe muchos dólares de los proyectos de Asistencia Técnica, inspirados por la teoría del cambio; a pocas millas de allí, en el barrio bajo de Overtown, los cocainómanos poco se asustan de sus entuertos futuros, y siguen transportados a su Nirvana por los poderosos fentaniles, dado que son bastante gafos para el consumo de la heroína pura, que representa un costo de alrededor de US$400 al día.

¿Pero cómo empezó todo esto?, gracias al antiético marketing de los estilos de vida del mundo occidental, casi tan simple como consumir café, alcohol y bebidas gaseosas, que son el disparador, acompañado de la moda de recetas médicas: el levantamiento de la prohibición a los médicos comunes para recetar poderosos analgésicos opiáceos.

Sencillamente, las farmacéuticas comenzaron a recetar medicamentos adictivos, influyendo en infinidad de doctores que los recetan sin mesura, como golosinas, estimulando una demanda en jóvenes que muy poco se relaciona con dolores artríticos o el síndrome metabólico del envejecimiento. Se trata entonces de los falsos Hipócrates, que operan desde los malls comerciales, ofreciendo pills para el dolor. Usted solo necesita US$250 para cumplir con un diagnóstico de poca monta, efectuado por galenos que más parecen dealers al menudeo de drogas de un barrio populoso de Harlem o del Bronx.