Lunes 23 DE Octubre DE 2017
Opinión

Trump bajo asedio

— Editorial
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Desde que el magnate Donald Trump juró y tomó posesión como presidente de los EE. UU. (20 de enero de 2017) ha estado bajo fuego político y mediático constante, tanto por su decisión invariable de poner en práctica algunas de sus promesas electorales controversiales, tales como la construcción del muro entre los EE. UU. y México, la reactivación del proteccionismo económico, la redistribución de cargas financieras para mantener la OTAN, la reducción de impuestos, el aumento del gasto militar, la supresión del Obamacare, el combate a la inmigración ilegal, Cuba, etcétera, así como por la supuesta injerencia rusa en el proceso electoral estadounidense 2016, específicamente en torno a la filtración de los correos electrónicos de altos dirigentes del Partido Demócrata, a través de WikiLeaks, y la súbita destitución de James Comey, director del FBI, entre otros.

El mismo día en que Trump asumió como gobernante fue criticado, porque no fue caballeroso con su esposa, Melania Trump, y porque designó a su hija, Ivanka Trump, y a su yerno, Jared Kushner, como asesores presidenciales, lo que fue interpretado como un acto de nepotismo. Asimismo, la oposición política organizó marchas y protestas en su contra, que tuvieron gran cobertura mediática; y, por supuesto, opacaron el acto de asunción de Trump como gobernante.

Indudablemente, la errática comunicación de Trump, sus invectivas contra medios específicos y sus declaraciones improvisadas y frontales, así como el informal uso de las redes sociales, no le han garantizado el favor mediático. A estas alturas, está claro que Trump no goza de buena prensa. Empero, contrastantemente los mercados financieros y bursátiles (Wall Street) reflejan optimismo y hay claros signos de reactivación económica.

En una reciente entrevista (Fox & Friends), la hija de Trump, Ivanka, en la que evidencia frustración por el ataque sistemático contra la gestión de su padre, expresó: “Existe un nivel palpable de salvajismo que no anticipábamos (…) No lo imaginábamos, aunque tampoco esperábamos que esto fuera a ser algo fácil ya que mi padre y su gobierno buscan realizar cambios concretos”.

Sin duda, la destitución de Comey y su deposición ante el Congreso ha montado un nuevo escenario político y mediático. Comey saltó a la fama cuando 11 días antes de las pasadas elecciones reabrió la investigación de los correos electrónicos de Hillary Clinton, presidenciable del Partido Demócrata. Luego, dos días antes de las elecciones, Comey anunció que no había hallado evidencias de irregularidades en dichos correos. A ciencia cierta, no se sabe si esto perjudicó o favoreció electoralmente a Clinton. En todo caso, en su reciente declaración ante el Congreso, el secretario de Justicia de los EE. UU., Jeff Sessions, afirmó que dicho proceder había sido la causa de la remoción de Comey.

No obstante, el torbellino de la supuesta injerencia rusa en las elecciones apenas comienza e, inexorablemente, seguirá desgastando a Trump, al igual que ocurrió con los exgobernantes Richard Nixon (1969-74) y Bill Clinton (1993-2001), a raíz de los casos Watergate y Lewinsky, por los que fueron sindicados por obstrucción a la justicia y perjurio.

Trump no las tiene todas consigo, porque, por un lado, el establishment del Partido Republicano no termina de tragarse que un outsider (Trump) se hiciera con la nominación presidencial; y, por otro, la oposición política (Partido Demócrata) no ha asimilado la imprevista y dolorosa derrota electoral.

Finalmente, cabe advertir que si los demócratas se hacen con la mayoría en el Congreso en las legislativas de noviembre de 2018, podría orquestarse un juicio político (impeachment) contra Trump, por una presunta obstrucción a la justicia, investigación que ya está en curso. Por de pronto, seguirán las batallas de desgaste, tales como las acusaciones de que las empresas de Trump recibieron dinero del extranjero, de que este entregó información clasificada al Embajador ruso y de que su yerno tiene vínculos con los rusos, entre otras.