Lunes 10 DE Diciembre DE 2018
Opinión

Citadinos en peligro

Por esa causa fallecieron hace años seis personas de una familia muy querida.

 

— Jaime Arimany
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En la vida nos acostumbramos a pensar y actuar influenciados por el medio en que vivimos, por ello, los que habitamos las ciudades, perdemos la noción de lo que nos puede suceder con los fenómenos de la naturaleza en el interior de la República; en lugares tales como: el campo abierto con sus llanos, bosques, montañas, volcanes, barrancos, ríos, lagos y mar.

Cuando era niño, iba de temporada a la finca donde trabajaba mi abuelo Max Ruiz Aguilar cerca de Patulul, y, una vez allí, le acompañaba a ver los trabajos montado en un caballo llamado Juanito. Mi abuelo se bajaba a ver cómo estaban las siembras y yo hacía lo mismo; sin embargo, una vez que estábamos viendo un cafetalito, me acerqué al mismo, de repente sentí que mi abuelo me halaba bruscamente hacia atrás, señalándome que había una pequeña culebra, quizá de unos quince centímetros. No recuerdo el nombre de la misma, pero me parece que era una Timbo. Entonces me dijo: no te vuelvas a bajar del caballo, esa culebrita es de las más venenosas y yo tengo responsabilidad sobre ti. Según Internet: La serpiente Timbo es una culebrita que tiene la habilidad de saltar a una distancia equivalente al tamaño de su cuerpo, también se le llama saltadora, tiene un veneno que destruye el tejido blando y los glóbulos rojos; si te muerde, corre al hospital.

Hace 53 años, celebramos el bautizo de mi hijo mayor en una casa que tenían mis suegros en Teculután. La ceremonia se celebró después del desayuno en una capillita, que estaba ubicada al final del corredor, el cual corría a lo largo de toda la casa para que circulara el viento por todas las habitaciones, debido al calor que hay allí, especialmente en los meses de verano. Después del almuerzo un grupo de jóvenes decidimos ir a nadar a las bellas cataratas de Pasa Bien, que están a unos 10 km de distancia; llegamos al lugar con gran alegría y entusiasmo, y cuando nos íbamos a meter al agua, escuchamos un gran ruido; cuál no sería nuestro susto al ver que había bajado una correntada que cubría toda la parte superior del cauce del río, con más de un metro de altura. La súbita y enorme crecida llevaba piedras, ramas, palos y por supuesto gran cantidad de agua; seguramente no habríamos tenido oportunidad de salir con vida, los que hubiéramos estado disfrutando del agua fría.

En el lago de Atitlán ha habido varios accidentes mortales, en embarcaciones que se han volcado por un cambio súbito del tamaño de las olas. Normalmente la muerte no es por ahogamiento, ya que muchos de los pasajeros llevan salvavidas; el problema es por el agua a baja temperatura, ya que, por ejemplo, al estar una persona sumergida en agua a 15 grados centígrados puede vivir entre una y seis horas, a causa de la hipotermia, que ocurre al tener el cuerpo 36º C. Por esa causa fallecieron hace años seis personas de una familia muy querida.

La semana pasada un grupo de amigos se fue a celebrar los 25 años de haber terminado bachillerato, estaban en un chalet de Chulamar y decidieron irse a bañar a la barra, en la desembocadura del río Achiguate, que viene de las faldas del volcán de Agua. Estaban alegres celebrando sus éxitos en la vida, se pusieron calzoneta e ingresaron a la barra, el agua les llegaba a las rodillas, cuando de repente vino una correntada, la cual traía todo lo que lleva un río crecido, arrastrando a los nadadores al interior del mar. Casi todos lograron salir, salvo uno, un exitoso joven profesional de cuarenta y dos años, que aún no encuentran.

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