Miércoles 21 DE Noviembre DE 2018
Opinión

¡Manos a la obra!

Las elecciones generales se encuentran ya a la vuelta de la esquina.

 

— Acisclo Valladares Molina
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Si bien es cierto que la reforma constitucional que vendría a establecer el sistema electoral de los distritos pequeños implica la reforma de un solo artículo de la Constitución –el 157– si no empezamos la tarea desde ya, dicho en buen chapín, nos agarrará el dedo la puerta y no estaremos listos para que pueda aplicarse en el próximo proceso electoral: Estamos ya –el tiempo vuela– a veinticuatro meses de que las elecciones se convoquen.

Para adoptar el sistema electoral de los distritos pequeños se hace preciso, debo reiterarlo, la reforma del Artículo 157 de la Constitución Política de la República, reforma que debe ser propuesta al Congreso por la Corte de Constitucionalidad, por el Presidente de la República en Consejo de Ministros, por el pleno de la Corte Suprema de Justicia, por el Consejo Superior de la Universidad de San Carlos de Guatemala, por diez diputados o bien, por cinco mil ciudadanos.

La reforma –obligado está el Congreso a conocerla de inmediato, una vez que se presente– debe ser aprobada con la mayoría calificada de las dos terceras partes del total de diputados que lo integran, 106 de 158 y someterse, finalmente, a la decisión del pueblo en Consulta Popular.

 Pienso que este proceso –acelerado– bien nos podría estar situando en el segundo semestre del presente año o –incluso– de los primeros meses del año entrante.

Una vez reformado el Artículo 157 e introducido con este el sistema electoral de los distritos pequeños, debe proceder el Tribunal Supremo Electoral a establecerlos, incluso los que correspondan a guatemaltecos que se encuentren en el extranjero, empresa que no es fácil –sumamente delicada– y que debe realizarse con la máxima excelencia.

Bien puede consumir este segundo empeño, incluida la reforma a la Ley Electoral y de Partidos Políticos para que esta se ajuste a lo dispuesto por el Artículo 157, cuando ya reformado –todo el año próximo, reforma que deberá realizarse por el Congreso, con mayoría calificada, previa opinión favorable de la Corte de Constitucionalidad.

No se trata, pues, de soplar y hacer botellas.

Pese a que se trata la reforma constitucional de los distritos pequeños de la reforma de un solo artículo de la Constitución, llevará su tiempo llevarla a consenso y, más aún, cuanto se deberá hacer para aplicarla.

¡Manos a la obra, pues: Llegó el tiempo de la acción si de verdad queremos que las elecciones de 2019 puedan conducirnos a un Congreso en el que nos sintamos –y que estemos– debidamente representados!

En el sistema de distritos pequeños puede inscribirse como candidato a diputado todo aquel que quiera serlo, sin necesidad de que un partido le postule; la duración del mandato del diputado, dos años, es lo suficientemente corta para que no se olvide de sus electores: Si lo hace bien, será reelecto pero por el contrario, si mal, echado del Congreso. Corta y barata la campaña, no más de 90 días y su costo no mayor que el equivalente de 1,450 salarios mínimos: el dinero –entonces– incapaz de determinar los resultados; fácil el acceso de los electores a los candidatos y de los

candidatos a los electores.

Conocimiento de los intereses, principios y valores que el diputado debe representar en el Congreso: los de aquellos que le eligen.

En el sistema de distritos pequeños cada distrito elige un solo diputado y, en consecuencia, conocerán los electores, finalmente, quién es su diputado.

¿Sabe usted quién es su diputado?

El Congreso de la República define el presupuesto y las leyes que se aplican, así como las reformas constitucionales que se hagan.

En otras palabras, lo define todo.

Si queremos que el Artículo 157 se encuentre ya reformado y que se aplique en las elecciones generales del 2019, aunque se trate de un solo artículo ¡Valga la prevención! el tiempo apremia.

En nuestras manos, pues, el cambio que se precisa ¡Cada día cuenta! Llegar a tener la precepción de que estamos bien representados en el Congreso –y estarlo– o permanecer en el laberinto en que vivimos: El de los distritos inmensos y los oscuros listados.

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