Domingo 18 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Q250 para las comadronas y “prestaciones legales” para los diputados

¿Cuánto más esperaremos para destituir a las mujeres y hombres que hoy en el Congreso se enriquecen gracias al hambre de quienes verdaderamente trabajan?

 

— Irmalicia Velásquez Nimatuj
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El ejercicio de la política clientelar guatemalteca es una de las actividades cotidianas más repugnantes que se reproduce en América Latina, no solo porque se gesta de manera cínica, pública y corrupta, sino porque se realiza en la escena nacional, frente a los ojos de la mayoría de la población –que se muere de hambre, desnutrición o que deambula ejerciendo trabajos por cualquier ingreso que le ofrezcan. Los políticos actuales trabajan para defender los privilegios de los viejos y nuevos poderes, que buscan por todos los medios posibles

–incluso usando la violencia– el no ser desplazados sino afianzarse en el terreno controlado, que han heredado o que buscan ampliar.

Esta forma enviciada de ejercer la política, desde cualquiera de las esferas del Estado, solo abona a hacer más profundas las desigualdades coloniales, que en pleno Siglo XXI no se han podido romper y que fortalecen el resentimiento que se ha ido incrustando en la mayoría de los sectores de los diferentes pueblos, que comprenden perfectamente que la posición marginal que ocupan en el escenario nacional, no obedece a condiciones religiosas o al azar del destino sino al control social, de género o raza que las elites políticas y económicas se niegan a soltar porque de hacerlo, perderían a los millones de peones que –para ellos– deben de ser permanentes y desechables.

Un ejemplo de cómo la política funciona, al servicio de los arribistas, se observó esta semana en el Congreso, en donde la casi totalidad de las y los diputados defendieron, a través de la aprobación de un acuerdo de manera casi inmediata y sin discusión “el derecho que les asiste de recibir prestaciones, dietas, gastos de representación, bonificación anual y cualquier otra remuneración”.

Ese mismo Congreso, aprobó que a cada comadrona, que atiende a más del 80 por ciento del total de los partos en el interior del país, sin ningún apoyo del Estado en materiales, equipo o viáticos, se le otorguen un miserable estipendio de Q250 mensuales. ¡Esto es inmoral!

¿Cuánto más esperaremos para destituir a las mujeres y hombres que hoy en el Congreso se enriquecen gracias al hambre de quienes verdaderamente trabajan?

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