Martes 20 DE Febrero DE 2018
Opinión

Adultos mayores, despreciados

Hay que poner fin al desprecio, a la discriminación y a la exclusión de la niñez, que es el presente y el futuro del país, y a quienes son parte de nuestra historia y merecen atención y respeto.

— Miguel Ángel Albizures
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Los transportistas, como siempre, siguen siendo, con raras excepciones que no conozco, un grupito de criminales que pasan sobre la dignidad de los adultos mayores y no hay poder que los ponga en cintura por la existencia permanente de funcionarios cómplices que dejan pasar y dejan hacer. Ahora resulta que, además del mal trato que comúnmente reciben en los destartalados buses o en el Transurbano, solo tienen derecho a abordarlos dos veces, y si intentan subir una tercera vez, la tarjeta se bloquea automáticamente. Los transportistas, como siempre, buscan mayor ganancia y no les basta cobrar el precio del pasaje entre dos y tres quetzales, especialmente en horas de la tarde cuando las personas están en el desespere por llegar a su casa.

Una persona mayor, sola en una parada de bus, está condenada a quedarse con la mano levantada y a recibir el insulto de los ayudantes que están debidamente adiestrados por los pilotos. Poco a poco se ha ido perdiendo la diferencia entre los buses destartalados que siguen circulando y los del Transurbano, pues los propietarios siguen siendo los mismos. Es el momento de buscar una solución definitiva al problema del transporte urbano, pero eso pasa por cambio en la alcaldía capitalina que, según parece, tiene grandes intereses económicos. Y pasa también por mandar al carajo a los empresarios, suprimir de una vez por todas cualquier tipo de subsidio y crear la empresa única del transporte urbano y, al mismo tiempo, hacer realidad las leyes existentes en beneficio de los adultos mayores, pues la Constitución es clara en su Artículo 51 al señalar que: “El Estado protegerá la salud física, mental y moral de los menores de edad y de los ancianos. Les garantiza su derecho a la alimentación, salud, educación y seguridad social”. Hay que hacer realidad la Ley que el Congreso aprobó en 1996, sobre Protección para Personas de la Tercera Edad, que contempla para los adultos mayores descuentos especiales en todas las compras, ingreso gratuito a centros recreativos, subsidios para el transporte, así como tratos
preferenciales y atención médica.

Pero desgraciadamente en este país se abandona a su suerte a la niñez que se queda sin poner un pie en las escuelas, que muere de hambre, y a los ancianos que viven y mueren en la más espantosa soledad y, cuando aún se pueden mover y pueden aportar a la sociedad lo mejor de su experiencia y conocimientos, se les niega el trabajo por su edad y se les niega el servicio de los buses cuando, por necesidad, van en busca de la atención médica o simplemente a visitar a un familiar.

Hay que poner fin al desprecio, a la discriminación y a la exclusión de la niñez, que es el presente y el futuro del país, y a quienes son parte de nuestra historia y merecen atención y respeto. Continuar haciendo concesiones a los patanes del transporte, es complicidad y debe ser penalizada.