Domingo 21 DE Abril DE 2019
Opinión

S.O.S

Los primeros síntomas de su abandono.

 

— Anabella Giracca

Desde niños aprendimos a querer a La Antigua Guatemala con toda el alma. A vislumbrar las sombras de sus aparecidos. Aprendimos a interceptar los sueños justo cuando aparecía el infeliz jinete con su cabeza entre las manos. A cruzar los dedos para no toparnos con el desgarrado llanto de la Llorona. A instalar ese volcán de Agua en nuestra conciencia. A darnos más de un cabezazo con sus balcones y a dormir eternas siestas gracias al hechizo de sus flores.

Cuando nos topamos con algún extranjero que ha viajado a estas tierras, lo primero que viene a su memoria es La Antigua. Seguido de todo tipo de elogios para una de las más bellas ciudades coloniales de América. Basta con cerrar los ojos y visualizarla como un nacimiento sumido entre volcanes. Con sus venas empedradas y sus tintes de buganvilia pintando las paredes. Sí, La Antigua cosecha en los confines de nuestros recuerdos.

Pero el tiempo implacable, el más feroz, va dejando su huella calcinante. Un deterioro visible pone en evidencia los primeros síntomas de su abandono. La corrupción, la incapacidad y la indiferencia hacen nuevamente de las suyas y la ciudad colonial corre peligro de contaminarse con el mal de nuestra dejadez. Es ahora cuando debemos apostar por la transformación del conocimiento y no repetir círculos perversos que tanto daño nos ha causado. Porque la cultura no es mercancía, no es un florero sobre la mesa. Es herencia, es legado, es espacio común. Es vida. ¡Es nuestra!

Hay meados en los postes y más chuchos de la cuenta. La basura rebalsa los pocos basureros y las aceras boqueteadas son un auténtico peligro. Hay reparaciones en todos lados y parches mal logrados. Construcciones que ponen en riesgo su propio nombre. Y ahora resulta que al ingresar, han marcado con cordones y bloques naranja sus calles principales. ¿Y el ornato? Se está perdiendo la magia de su encanto.

Alcaldesa: Si no puede conservar nuestro tesoro, pida ayuda. Si no puede administrar nuestro legado, pida ayuda. Si tiene miedo a tomar acciones, pida ayuda. Nuestras expresiones culturales están varadas en un pantano; los museos de arte y arqueología subsisten por milagro. Y ahora, ¿le toca a La Antigua enfrentar destino semejante? ¿Semejante al de Panajachel, Amatitlán y el lago de Atitlán? ¿Vamos a entregar hasta eso, a políticos inconscientes que les valen un bledo nuestras huellas?

La Antigua bien merece otra misa. ¡Alerta! Estamos a tiempo, antes de que la hecatombe del olvido deje de nuevo su huella fatal. “Recordaos hermanos…”.

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