Martes 17 DE Septiembre DE 2019
Opinión

Cinismo conservador: estabilidad y continuidad

El modelo histórico construido ha creado condiciones para el ajuste permanente del sistema.

 

Fecha de publicación: 06-06-17
Por: Renzo Lautaro Rosal

Con que OPM y compañía paguen por sus tropelías es suficiente. Con ver a R. Baldetti juzgada en definitiva, al igual que a sus grupos de operadores más cercanos, nos damos por satisfechos. ¿Para qué remover más aguas? Mejor nos quedamos como estamos, que entrar en profundidades mayores. Asumir cambios de mayor calado, implica correr más riesgos, mayor entrada en aguas inexploradas. Estas son algunas de las premisas que han ganado terreno en los últimos meses. ¿Son expresiones de conformismo, de realismo, agotamiento fácil, darle largas al eterno pacto por la mediocridad? ¿Será que hemos perdido el tiempo en objetivos fatuos? Al final, para qué nos hacemos bolas? El cinismo al frente: ¿para qué insistir en aumentar el ojo del huracán?

Va quedando claro que la cinta de los cambios es sumamente corta. Sectores que hace unos meses gritaban a todo pulmón la supuesta necesidad de impulsar reformas, se asustaron cuando vieron el tamaño del animal. Cuando una pieza movía a otra y comenzaban a destaparse recipientes de impunidad en el marco del efecto dominó, el ambiente se crispó y comenzó a agotarse la cuerda inicial. Hoy, opera la lógica del mínimo esfuerzo, la no sobreexposición, no forzar la máquina a velocidades que arriesguen el goce de las comodidades.

En tanto los supuestos del cambio solo quedaron en eso, las capacidades de reproducción de las resistencias han caminado rápidamente. El modelo histórico construido ha creado condiciones para el ajuste permanente del sistema. De allí que no se admite que el conflicto o las revoluciones sean los ingredientes para el motor de los cambios; tal como lo planteaba la lectura clásica. Tampoco parece ser la senda de las reformas. Por más superficiales que estas sean, no son admitidas. Simplemente se les rechaza porque se entienden como entradas a lo impredecible.

A pesar del aparente juego de factores endógenos y exógenos, la ecuación de las transformaciones tampoco da el do de pecho. Lejos están los postulados planteados por Weber, para quien los cambios deben ser producto de la racionalidad creciente, de Spengler quien concebía los cambios a partir del tránsito de la cultura a la civilización, o bien Pareto, desde la concepción de la circulación de las élites. Esos supuestos son impropios dentro de un esquema que edificó, mucho tiempo antes de lo ocurrido en años recientes, los pilares para que el hule estire pero no se reviente.

Comprobamos, con toda fuerza, la vigencia de un modelo cultural acumulativo y conservador, anclado firmemente en los propósitos únicos de la estabilidad y la continuidad. Desde ese molde, se trasmiten valores, saberes y prácticas entre generaciones. De allí, que la presencia de jóvenes en las organizaciones sociales, en los partidos, en las corporaciones, o en la administración pública no sea ninguna garantía de evolución. Todo lo contrario, en muchas ocasiones representa la garantía para más de lo mismo.

Al no contar con la predisposición al cambio, ni el mayor interés por acercarnos a ese escenario; al no considerar que la crisis existente como oportunidad o facilitador, al no ver las muestras concretas que implicaría meternos el olas grandes; al caer fácilmente en las tentaciones, mensajes e imágenes creadas de las fuerzas de oposición; al ceder a los pactos no escritos por la continuidad, solo nos conformamos con quitar la nata de la taza de leche caliente.