Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Opinión

¡Nos vamos!

— Editorial
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“We’re getting out”. Así resumió la prensa internacional la decisión de Trump de que EE. UU. abandone el Acuerdo de París sobre el cambio climático. En sentido estricto, el hombre solamente cumplió lo que había prometido en campaña. Algo que no debería causar mayor sorpresa, aunque sí preocupación por las consecuencias que esta decisión pueda tener sobre la salud de nuestro planeta. En ese sentido, bien harían todas aquellas instituciones, países, regiones y empresas respecto de las que Trump ha prometido tomar algún tipo de represalia en prepararse para el peor escenario posible. Aunque Trump no ha manifestado ninguna medida compensatoria contra Guatemala o Centroamérica, salvo las que se derivan de sus propuestas generales para frenar la inmigración ilegal, los gobiernos de la región, en especial el nuestro, deberían estar muy atentos a los efectos de segunda ronda que podrían ocurrir como consecuencia que Trump decida cumplir con algunas de sus otras promesas de campaña; en especial, aquellas referentes al Tratado del Libre Comercio de América del Norte –TLCAN–.

En lo que a esto respecta, las represalias de Washington estarían dirigidas en primera instancia contra México, cuestión que no implica que Guatemala y la región estén libres de importantes efectos de segunda ronda producto de estas decisiones. No es casualidad que la visita del presidente mexicano Peña Nieto ocurra en estos precisos momentos. Para variar, aunque a muchos centroamericanos no les guste, los mexicanos se están viendo mucho más listos que todos nosotros. Sabiendo bien que la “Espada de Trump” pende sobre su cabeza, y conociendo las consecuencias que una renegociación del TLCAN podría tener sobre la economía mexicana, ni lentos ni perezosos han vuelto su mirada hacia los vecinos del sur. Aunque el tamaño de la economía centroamericana no sea suficiente para sustituir lo que las empresas mexicanas podrían perder ante una eventual renegociación del tratado, dado su nivel de competitividad, sofisticación y apoyo del gobierno, muchas de ellas podrían encontrar un terreno fértil que explotar en nuestra región, especialmente en Guatemala. Asunto que no debería interpretarse negativamente, sino verlo como una oportunidad para atraer más inversión extranjera, crear más empleos y estrechar los vínculos con el hermano país del Norte. Es momento que nos demos cuenta que “guerra avisada, no mata soldado y si lo mata es por descuidado”.

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