Viernes 2 Junio 2017
Opinión

Orquídeas y propósito

Nunca es tarde para ser agradecido.

 

— Luis Figueroa

La próxima semana habrá una exposición de orquídeas y pensé que es momento oportuno para meditar sobre la importancia de ser agradecido y tener propósito.

Gracias a María Antonia, Carlos y Roberto Lizama durante casi diez años de mi vida fui orquideólogo. En 1979 el colegio nos llevó a la exposición nacional y me impresionaron tanto aquellas flores complejas y altamente evolucionadas, que decidí no volver a clases. Me capeé del colegio y me quedé con el pretexto de ayudar a vender la rifa y ahí me regalé.

De la mano de orquideólogos generosos como los Lizama, Beto y María Eugenia de Behar, Karl Robert y Hetti de Jacobs, Christa de Bickford, Carmen de Herman, Eduardo Tschen, Otto Tinschert, Bernd Kupferschmied, Juan Francisco y Ana María de Maldonado; así como con los Meng, los Dix y los Palmieri aprendí mucho de aquellas plantas maravillosas. En una época en la que necesitaba ser parte de algo significativo y en la que necesitaba encontrar propósito.

En una época en la que leía El lobo estepario y cosas parecidas, la búsqueda de un propósito era muy importante para no perderme. El propósito es el fin primordial que nos sirve de referencia para establecer la importancia que le asignamos a otras cosas y nos permite priorizar metas. El propósito, explica, A. Rand, está íntimamente relacionado con la racionalidad y la autoestima. En mi adolescencia, el estudio de las orquídeas (su biología, estética, relación con la humanidad y más) me permitió encontrar una actividad promotora de la vida (de mi vida) y me ayudó a distinguir la felicidad, de otros sentimientos parecidos. Todo ello en compañía de personas extraordinarias a quienes les agradezco haberme acogido y enseñado.

Mis padres me construyeron un invernadero. En la Asociación Guatemalteca de Orquideología fui juez en varias exhibiciones y fui vocal en la directiva. ¡Mis orquídeas ganaron premios! No olvido las excursiones que hacíamos en los bosques de Cobán y la Costa Sur. Cuento todo esto porque nunca es tarde para ser agradecido y porque a veces no le damos suficiente importancia al valor del propósito, sobre todo cuando somos jóvenes. luisfi61.com