Jueves 18 DE Julio DE 2019
Opinión

La era de la subjetividad (II)

“En el universo del utilitarismo un martillo tiene más valor que una sinfonía”. (Nuccio Ordine).

Fecha de publicación: 02-06-17
Por: Carol Zardetto

Steven Banon, ese ideólogo tras bambalinas de la era Trump, escribió un libro en el que encuentra la raíz de los males de la sociedad norteamericana contemporánea en el movimiento hippie. Y resulta curioso porque muchos han criticado el movimiento contracultural norteamericano por no haber tenido una incidencia permanente, por haberse convertido en una moda pasajera. Jack Kerouac escribió su insigne novela On the road una oda al desestablecimiento y con ello el resquebrajamiento del modelo burgués de vida que aseguraba “buenos ciudadanos” y la inquebrantable soberanía del establishment blanco, masculino, cristiano. Su difusión sirvió de catalizador para un cúmulo de ideas destinadas a abrir grietas al muro de las convenciones sociales.

La era hippie fue un inmenso florecimiento del poderoso impulso de la libertad humana. Cuestionar la estructura de la familia, liberar sexualmente a la mujer, abrir la puerta a la diversidad, rebelarse contra la estructura política que envía a los jóvenes a morir a guerras sin sentido, destruir la roca de los valores trascendentes. ¿Se trató de una era sin valores? ¡Para nada! Se trataba de cuestionar la hipocresía de valores impuestos por estructuras sociales cuya única finalidad era ejercer poder sobre individuos obedientes. Aquella era fue quizá demasiado profunda para que todos la pudieran digerir. Los jóvenes estaban cuestionando hasta el sentido mismo de la realidad mediante la experimentación psicotrópica. Y si algo fue mal con el movimiento no fue la ausencia de valores. Fue la incursión del mercado y la monetización de la ética.

Si algún cuidado deberíamos tener en el palpitante momento que vivimos no debería estar centrado en suprimir la poderosa libertad humana. Deberíamos concentrar nuestros esfuerzos, más bien, en poner atención a la manera en que se construye la subjetividad y, con ello, el sentido de la libertad. Si nos plegamos a la hegemonía del mercado, si eliminamos todo respeto a la persona, si transformamos a la gente en mercancía y valor monetario, el mecanismo económico estará gestando monstruos. Monstruos que querrán aferrarse a patrones obsoletos y vacíos como el patriotismo, la imposición de una religiosidad violenta, métodos fascistas que se maquillan de valores morales y que apelan a los obedientes acríticos.

Estamos en una curva compleja: los desafíos que nos plantea el momento exigen un alto nivel ético. Pero no afincado en una moral pacata más interesada en moralismos y control social que en atender los verdaderos desafíos. El respeto fundamental a la subjetividad es uno de esos desafíos. Recordemos que frente a las peores formas de imposición (fundadas siempre en “valores”) lo que ha salvado a la humanidad es el poderoso instinto a la libertad.