miércoles 31 mayo 2017
Opinión

Un militar pensante y crítico

Amenazado y con la esposa perseguida, según su abogado.

 

— Mario Roberto Morales

En su libro Desde el cuartel, otra visión de Guatemala, el coronel de infantería Edgar Rubio Castañeda, en servicio activo en el Ejército de Guatemala, expone con abundante sustentación documental y con las respectivas referencias bibliográficas, el carácter oligárquico del capitalismo local, las prácticas monopólicas de la oligarquía interfamiliar, su antipatriótico entreguismo al capital transnacional y su metódica labor de zapa para evitar que aquí surja un capitalismo de igualdad de oportunidades, libre competencia y control de monopolios, como reza el ideario liberal. Esto no es nada nuevo en las ciencias sociales locales. Lo que sí lo es, es que lo exponga un militar de alta con el objetivo de proponer una salida pacífica a este modelo económico caduco y corrupto, buscando un capitalismo moderno, competitivo y sin monopolios, como lo manda la Constitución y lo propuso Arbenz en su discurso de toma de posesión como Presidente de la República.

El coronel Rubio también expone, con el mismo rigor documental, un hecho conocido: que las cúpulas militares han forzado siempre al Ejército a estar al servicio de los intereses de esa oligarquía interfamiliar monopolista, mercantilista y corrupta (por sus vínculos con el delito organizado), y que han situado a la institución armada en contra del interés nacional-popular, muy a menudo violentamente. También, que la oligarquía ha traicionado a esas cúpulas una y otra vez cuando han dejado de serles útiles. La prueba, indica, está en que los altos mandos que sirvieron al interés oligárquico durante la guerra interna, ahora son juzgados por crímenes de lesa humanidad mientras sus promotores oligarcas se salvan de una justicia selectiva y comprada por ellos mismos. La cupular servidumbre castrense para-oligárquica, afirma, arranca de Carrera y Barrios. Y de hecho está en la base de la creación misma del Ejército.

A pesar de ello, Rubio defiende a su institución cuando acusa a sus altos mandos de servir al interés oligárquico, porque arguye que las cúpulas traicionan la misión constitucional del Ejército, que es la salvaguarda del pueblo y no sólo la de una élite minoritaria y rapaz. Y al traicionar la razón de ser de la institución, dice, la denigran. Por eso llama a rescatar la dignidad y la función constitucional del Ejército, al cual afirma profesarle inquebrantable lealtad. Pero una lealtad crítica. Porque una ciega traicionaría a la institución y lo haría traicionarse a él como soldado. Esta reflexión militar está remitida al ejemplo de Arbenz como referente moral de Rubio y también de los oficiales que dentro del Ejército de seguro piensan como él.

Dicho esto, resulta estrafalario y cínicamente ilegal que un Tribunal de Honor castrense le exija a Rubio “probar” que el Ejército haya incurrido en actos de corrupción y de violación a los derechos humanos (como si los oficiales ahora enjuiciados y los sobrevivientes de crímenes de guerra contra civiles no fueran la prueba viviente de eso) y le niegue el derecho constitucional a un abogado defensor.

Estamos aquí ante un caso de intimidatoria censura a la libertad de expresión en contra de la corriente militar que dentro del Ejército encarnan los oficiales que piensan como Rubio, pero que no han escrito un libro que dice la verdad y que además es una lección moral para los científicos sociales mercenarios de los think-tanks de la oligarquía y la cooperación internacional.

www.mariorobertomorales.info