Miércoles 26 DE Junio DE 2019
Opinión

¡Reforma educativa!

No hay más tiempo que perder. 

Fecha de publicación: 26-05-17
Por: Roberto Moreno Godoy

Algunos editoriales han girado en los últimos días alrededor de la reforma de la formación inicial docente, trayendo a colación cuatro temas que merecen atención. Para comenzar, la mayoría parte aclarando que nadie se opone a que los profesores de primaria se formen a nivel superior. Sus cuestionamientos en torno a este cambio se centran más en otros aspectos: cómo garantizar que la formación universitaria venga acompañada de una clara mejoría en la calidad de los programas; qué hacer para que jóvenes de escasos recursos interesados en la profesión docente tengan acceso a la educación superior; y cómo garantizar que los futuros profesores de primaria encuentren una opción de trabajo al terminar su carrera. Me parece que todos estos planteamientos son válidos y deben ser abordados. El traslado de los programas debe sustentarse en un compromiso por parte de las casas de estudio en que prepararán profesores efectivos. De igual manera, el Ministerio de Educación debe planificar sus acciones para atraer a jóvenes talentosos a la profesión docente y para asegurar que aquellos profesores de primaria que se gradúen de la universidad encuentren una plaza al concluir sus estudios.

Un segundo aspecto que algunos señalan es que el cierre de los programas de magisterio ha limitado las oportunidades de empleo para los jóvenes. Quienes resaltan este asunto tienen razón al afirmar que se debe lograr que aquellos que no seguirán magisterio y que no irán a la universidad deben contar con oportunidades para incorporarse a la población económicamente activa. Sin embargo, sostener un magisterio de primaria solo para dar una opción de empleo a nuestros jóvenes no es admisible. Debemos atraer a personas talentosas y con una clara vocación docente a esta importante profesión. La reforma de la educación secundaria va más allá de la creación de un bachillerato en educación o del magisterio en preprimaria. La misma debe generar opciones innovadoras y pertinentes, para que todos los jóvenes, especialmente aquellos de contextos más difíciles, puedan salir adelante.

Una tercera inquietud que algunos han planteado es que la reforma desestima los avances en educación bilingüe intercultural. Esto no podría permitirse. Se debe prestar atención a esta preocupación y dialogar al respecto. Los programas de formación docente, indistintamente de si estos se dan a nivel diversificado o universitario, deben responder al contexto social, cultural y lingüístico de las comunidades. A mi juicio tampoco sería conveniente aceptar que los docentes que trabajen en comunidades bilingües posean una formación inferior a aquellos que lo hagan en otras escuelas. De hecho, los profesores mejor preparados deben ser asignados a las áreas que han tenido menores oportunidades. Lo irónico de la resolución particular de la Corte de Constitucionalidad que ha desencadenado estas discusiones es que obliga al Mineduc a abrir en la Escuela Normal Bilingüe de Nebaj el Magisterio en Primaria, en vez del Magisterio en Primaria Bilingüe Intercultural. Con seguridad, los magistrados no se percataron de ello.

Finalmente, algunos señalan que los problemas derivan de la improvisación, falta de diálogo o “precipitación” de la anterior administración. Otros aducen que fue una medida abrupta, drástica o poco reflexionada. Estas aseveraciones no son justas ni precisas. El proceso para llegar a la reforma de la formación inicial docente ha tomado más de 15 años, a partir de la entrega del Diseño de la Reforma Educativa en 1998. Ha sido un camino largo y arduo, que conllevó la construcción de consensos y contempló acciones de distintas administraciones para lograrlo: la creación del programa de profesionalización docente en el 2000, el desarrollo del currículo nacional base de preprimaria y primaria entre el 2002 y el 2005, la formulación de propuestas de cambios a formación inicial docente y a la duración de los programas de magisterio de 3 o 4 años entre 2005 y 2008, el desarrollo del currículo nacional base de nivel diversificado entre el 2008 y el 2009 y la instalación de la Mesa de Formación Inicial Docente en el 2009. Esta última, que habría de materializar la propuesta en el 2011 luego de múltiples reuniones y talleres intersectoriales. Las universidades, que vienen ofreciendo programas de formación de profesores de primaria desde 1997, han trabajado juntas en un consorcio por seis años para unificar criterios, apuntalar sus programas y formar a sus profesores. En conclusión, la reforma no puede ser calificada como algo impulsivo o antojadizo. La misma ha sido gestionada a lo largo de seis períodos de gobierno, convirtiéndose en una política de Estado. Es por ello que no se puede permitir que se revierta una reforma tan trascendental. No disponemos de más tiempo que perder. El futuro de nuestra niñez y juventud está en juego y depende de la educación que reciban.