Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Necrofilia ideológica

Tropecé de nuevo y con la misma piedra.

— Rodolfo Neutze
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Un querido amigo me invito esta semana a escuchar una plática de su paisano Moisés Naím, reconocido escritor y columnista internacional, sobre qué paso y cuál pudiera ser el futuro de Venezuela. Empezó su intervención con un término muy interesante al que él llama “necrofilia ideológica”, que es una manera muy técnica de hacer referencia a la obsesión que tenemos los humanos de repetir los errores del pasado.

Pausado, y con una claridad admirable, el señor Naím explicó a un par de centenas de venezolanos exiliados su perspectiva de cómo fue que el efecto Chávez destruyó la producción y el empleo, generando el caos que actualmente viven. Lo descrito es una “tormenta perfecta” alimentada por el carisma de un populista con una riqueza inmensa proveniente de los commodities, un EE. UU. distraído por el 9/11 y un líder cubano que vio en Venezuela la tabla para salvar a su pueblo, invadiéndolos. Con la frialdad que únicamente viene de la experiencia de la cosa pública, hizo verles a sus compatriotas que, si hay luz al final del túnel, pero no va a ser pronto. La democracia y la libertad van a regresar a Venezuela algún día, pero el costo de oportunidad de los actuales líderes de perder el poder es tan alto que no se percibe que esté cerca el cambio. Como toda verdad, duele escucharla, pero no hay nada mejor que uno saber su realidad.

En estos dorados tiempos en que en Guatemala existe una marcada polarización, el termino de “necrofilia ideológica” me pareció la mejor manera de describir lo que nos pasa. Existen guatemaltecos en ambos lados del espectro ideológico extremo, que no quieren reconocer que hay ideas que ya están muertas y se ha comprobado que no sirven. Ni el socialismo ni el mercantilismo han probado ser eficientes para generar beneficios a la mayoría. No existe ni un solo caso de éxito para rebatir esta realidad absoluta. La única manera de generar una riqueza generalizada, que logre vencer las desigualdades abismales entre ricos y pobres, es el respeto incondicional a la libertad, a la propiedad y al Estado de Derecho objetivo e imparcial. Dejemos descansar en paz, en el cementerio de las malas ideas, a esos extremismos ideológicos. Rompamos de una vez, por el beneficio de nuestros herederos futuros, esa fascinación con las ideas muertas que nos hacen repetir errores ya cometidos.

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