Sábado 18 DE Noviembre DE 2017
Opinión

Amapola, lindísima amapola

Compra estatal de producción con fines médicos.

 

— Helmer Velásquez
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La situación surgida, por enésima vez, en Ixchiguán y Tajumulco, no hace más que reiterar lo que antes hemos afirmado: La institucionalidad pública es decadente y presume un formalismo emperifollado e hipócrita. Padece amnesia voluntaria. El buen funcionario público, es aquel que cierra los ojos frente a los problemas patrios, saca raja si se puede, y es capaz de hacerse el loco, cuando la cuestión se complica. San Marcos, aporta evidencia obvia: ahora resulta que desde el Presidente, diputados, mandos chafas, policiales y estrategas, hacen cara de sorpresa e incredulidad por la cantidad de amapola cultivada en aquel bello lugar. Aparentan que no sabían. El Presidente –como parte del espectáculo– instruye a su inepto ministro de Agricultura, para que inicie “agresivo” programa de cambio de cultivos, orientado a siembras rentables. En realidad, solo la coca sería alternativo en términos de rentabilidad.

La sesuda estrategia, se complementa con milicos y policías, que varita de membrillo en mano erradican despiadadamente, tan diabólico cultivo. Ridículo espectáculo, que hemos visto en gobiernos anteriores, sin resultado alguno. La cuestión limítrofe surgió en la zona, desde la acción –misma– del Estado: la artificial división de su territorio, a manos de Jorge Ubico. Pese a esta historia, la población de Ixchiguán y Tajumulco es pacífica, cálida, hospitalaria. Sin embargo, aborrecen la injusticia. Algunos de sus mejores hijos se sumaron a la guerra revolucionaria, al lado de las huestes de Gaspar Ilóm. Lucharon contra opresión, injusticia y explotación en las fincas. Es decir, no son sujetos ahistóricos, han estado y están al corriente de la situación del país. Su país. Ha sido la “opinión pública” la que los transformó, en una especie de gánster al servicio del narcotráfico. Que haya malandrines en aquellos parajes, no lo dudo, ¿en dónde no los hay? el Vaticano puede dar fe de ello. Se trata de lugares de frontera, de allí su viejo vínculo con el comercio mexicano. Son emprendedores. Es el Estado el que no les entiende y no al revés.

Con erradicaciones de varita, el problema no se resuelve: acrecienta. Lo sabio en un Estado creativo y democrático, será comprar –estatalmente– la producción, organizarla, registrarla y utilizarla con fines médicos. Lo que hacen los gringos con la cannabis. Ahora bien. Ideas innovadoras, no podemos esperarlas de “altos mandos” militares y policiacos guiados por su varita de membrillo. Que sean las universidades –serias– quienes propongan cómo hacer rentable la amapola, extrayéndola de la mafia. Aunque… eso… quizá no convenga a milicos y poderes opiáceos.