Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Opinión

El negocio del siglo

Las dificultades fiscales de los gobiernos son añejas y es razonable pensar que no han podido o querido encontrarle solución.

— Amílcar Álvarez
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El caso Telgua parece una realidad inventada, dándole paso a un despropósito: manipular su precio. Pasándose de listos sus ejecutivos y los posibles compradores olvidan que con el avance tecnológico su activo más importante somos los usuarios y sin vacilar embrollaron la verdad haciéndonos creer que  vale menos que la  telefónica cubana operada en condiciones precarias. Para liberarnos del hechizo preguntamos: ¿Qué tiene Cuba la bella que no tenga Guatemala para que le paguen 1,500 millones de dólares por el 49 por ciento de su empresa telefónica? La modernización de Telgua da la impresión de tener un mensaje cifrado dirigido a un monopolio con el propósito de servirse con la cuchara grande. De confirmarse no tiene justificación ética ni financiera por el incremento de tarifas que en su oportunidad hizo Guatel, decisión que va a generar utilidades superiores a mil millones de quetzales anuales si no se distorsionan las cifras. El argumento de sanear las finanzas públicas con la venta de Telgua es convencional, la crisis fiscal es de tal magnitud que los 800 millones de dólares que puedan obtener son gotas de agua que no extinguen el incendio, lo difieren para que el próximo gobierno lo apague vendiendo el Palacio Nacional o el volcán de Pacaya si encuentran comprador y la fórmula legal de hacerlo sin oposición de la oposición. Las dificultades fiscales de los gobiernos son añejas y es razonable pensar que no han podido o querido encontrarle solución, el tropiezo es el sistema anacrónico de recaudar impuestos que permite apropiación indebida y evasión fiscal en proporciones increíbles, deporte nacional que debe erradicarse en forma definitiva rasurando parejo: si pagan los de arriba, pagamos los de abajo. La Superintendencia de Administración Tributaria SAT tiene ese propósito y si no la politizan cumplirá su cometido, instrumento técnico que le permitirá al Estado captar recursos y cumplir sus funciones primarias siendo impostergable detener su deterioro, rescatar su vitalidad y la gobernabilidad social, sin dinero no hay seguridad, educación, salud ni justicia, realidad que no puede ignorarse. Con las utilidades que genera Telgua no conviene venderla en 800 millones de dólares, menos diluirlos en el presupuesto de 1999 y quedarnos mirando las estrellas en el año 2000. Si no pagan lo que vale no la vendan, inviertan en tecnología y satisfagan la demanda de servicios. La solución del problema fiscal es recaudar impuestos con eficiencia no su venta precipitada a precio de quemazón con privilegios adicionales que en otros tiempos purificaban los negocios redondos. Telgua revela una contradicción interesante: la libre empresa estorba a las transnacionales en el tercer mundo. En sus países de origen respetan las reglas del mercado solo porque el Estado benefactor las obliga, en Guatemala no estamos a favor ni en contra de esa situación, todo lo contrario. Artículo publicado en 1998, el tiempo me dio la razón.

En 2017 lo que procede es investigar la corrupción de gran envergadura en ese negocio, la responsabilidad de Arzú y compañía limitada no ha prescrito. El desorden es de tal nivel que todavía no han licitado la banda de cuarta generación –4G– y América Móvil ofrecerá el servicio en pocos meses y para el 2020 la –5G–, sin explicar el gobierno porqué se hace el loco y no cumple lo establecido en la ley. En México pagaron miles de millones de dólares por la concesión, aquí por listos les saldrá gratis, no a Jimmy que por valerle gorro los intereses de la Nación será procesado por varios delitos. Nacionalicen Telgua y vendan el 51 por ciento a inversionistas nacionales garantizando una administración eficiente, el Estado con el 49 por ciento puede destinar las utilidades a inversión social, Costa Rica es un buen ejemplo. Las frecuencias son una mina de oro,  con esos recursos los problemas de la amapola en Ixchiguán serían canción pasando al olvido.

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