viernes 19 mayo 2017
Opinión

El socialismo y la cuchara grande (III)

La gente prefiere callar.

 

— Luis Figueroa

El tercer instrumento es el miedo. Seguimos explorando cómo es que socialistas como Chávez/Maduro, Correa/Moreno, Morales y Ortega llegan al poder democráticamente con el voto de la mayoría, alteran el orden institucional y constitucional democráticamente, alargan sus períodos presidenciales democráticamente y extienden sus regímenes democráticamente. Todo a costa de los derechos individuales, la igualdad de todos ante la ley, y los límites al poder.

¿Cómo consiguen servirse con la cuchara grande los socialistas? Han aprendido de sus errores; y mediante cuatro instrumentos. Ya vimos la educación estatal, la prensa complaciente y activista, y hoy veremos el miedo. Queda otro para la semana próxima.

Aquel es un miedo sutil que va creciendo y se va metiendo; pero que nunca llega a violencia como ocurría en el siglo XX. Los socialistas de ahora no fusilan; pero te cuelgan la espada de Damocles. Por ejemplo: en la Venezuela bolivariana de los primeros tiempos de Chávez, dudar de los valores y los anhelos bolivarianos era traición a la patria y era muy mal visto. Era ser amigo del imperialismo. Y una vez señalado como enemigo de todo lo bueno (el bolivarianismo), quien osara cuestionarlo quedaba marcado y era aislado cuando no perseguido. En el Ecuador de Correa, los instrumentos fiscales han sido usados para intimidar a periodistas, empresarios y opositores. La gente  prefiere callar.

La nueva Plaza de la Concordia son las redes sociales; donde “net centers”, ONG y activistas (muchas veces anónimos) atacan ferozmente a cualquiera que obstaculice sus propósitos. Si cuestionas a la CICIG, eres amigo de la corrupción, según aquellos grupos. Si quieres reformas constitucionales no contaminadas por intereses ideológicos, eres amigo de la impunidad. Si te opones a los privilegios y demandas igualdad de todos ante la ley eres amigo del patriarcado. Y cuando la gente ve los linchamientos en redes sociales, se enraíza en ella el temor a opinar.

¿Te extraña que luego de aquellas condiciones la gente atemorizada no contradiga al pensamiento único? El otro viernes comentaré el cuarto instrumento.

luisfi61.com