Jueves 18 Mayo 2017
Opinión

Abelino Chub Caal, ilegalmente detenido

¿Por qué temen al campesinado?

— Helmer Velásquez

A Abelino, se le imputó la comisión de cinco posibles delitos (sic) para ordenar su detención. Orden emitida por el Juez de Primera Instancia de Puerto Barrios, Izabal, licenciado en Leyes: Edgar Aníbal Arteaga López: Usurpación agravada, incendio, coacción, asociación ilícita y agrupación ilegal de gente armada. Toda una patraña sin sustento. La captura se hizo efectiva frente a su esposa y dos hijos menores. Era el 4 de febrero… San Pedro Carchá. El juzgado de turno en la localidad, ordenó recluirlo en la cárcel de Cobán. Por razones desconocidas y con celeridad inusitada fue trasladado al Preventivo de la zona 18 en esta ciudad. Se le aísla de familia, amigos y entorno. El mismo patrón utilizado contra defensores de derechos humanos, capturados en Santa Cruz Barillas y San Juan Ixcoy, Huehuetenango. Es decir, escarnio puro y duro. Esta es la Patria del Criollo.

Inversiones Cobra S.A. está detrás de las acusaciones en contra de Abelino. Abogacía y procuración a cargo de bufetes que han acusado –previamente– a otros dirigentes populares. Casos –por cierto– en que luego de dos o tres años de detención, se decretó libertad de los dirigentes sociales, aviesamente encartados. La situación guarda similitudes con el caso del profesor y estudiante universitario Abelino Chub Caal. Se le endilga un decálogo criminal orientado a mantenerlo en prisión. A mi juicio, un litigio malicioso, cobijado por un Estado inequitativo e injusto, que incumple su propio mandato: “El régimen económico y social de la República de Guatemala se funda en principios de justicia social”. Eso dice la Constitución de la República. Sin embargo, acá la justicia social no existe. Impera la “justicia” penal, que muerde a los descalzos. Lo decía monseñor Romero. De los abogados del torcido, ni hablar, la sociedad los conoce, su riqueza está basada en evitar al patrono el pago de prestaciones laborales, en romper sindicatos y, particularmente, en encarcelar a gente honrada, a los trabajadores. Ese es el caso de Abelino. Un intelectual del campo. Un q’eqchi’ que siente y vive con su pueblo, un maestro plurinacional, histórico.

Cobra, una de las serpientes más venenosas del mundo, rara vez ataca humanos, lo hace amenazada. Existen en cambio, humanos abyectos: depredan humanos por dinero. A los justos. No soportan la inteligencia. Fariseos. Temen a campesinos, a indígenas. Saben que la razón es de los pueblos y que organizados vuelan. Se liberan. Mi respeto y solidaridad con Abelino y el pueblo q’eqchi’. ¿Por qué calla la Usac frente a la ignominia?