Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Estancados, angustiados y sin norte

Ante el estancamiento y la angustia, la acción es la respuesta.

 

— Richard Aitkenhead Castillo
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Este título puede ser utilizado para definir la situación del tránsito vehicular, para señalar el sentir de los guatemaltecos hacia la política o bien para calificar la gestión de esta administración gubernamental.  En cada uno de los casos hay razones que justifican el sentimiento.

El tránsito vehicular es cada vez más lento y pesado. Aumentan los vehículos motorizados a razón de casi un diez por ciento anual, lo que significa que se duplican cada siete años y seis meses. Mientra tanto, el número de kilómetros con carretera crece a razón de un uno por ciento anual. Diez veces más despacio. Con esos números no hay sorpresa, cada año tendremos más embotellamientos de tránsito y estaremos cada vez más estancados en las colas de vehículos, en las ciudades y en las carreteras. Angustiados dado que entre más lento el tránsito o mayores embotellamientos, mayor el peligro de ser asaltados por ladrones a bordo de motocicletas que roban el celular o la bolsa de la señora, por citar los ejemplos más comunes. Sin norte, dado que no se discute ni se presentan opciones para una reactivación importante en la inversión de infraestructura vial en el país. No es un problema sin solución, tan solo requiere de audacia para cambiar esquemas pasados, para buscar que la calidad de las carreteras mejore, que funcione su mantenimiento y que existan esquemas financieros acordes a las posibilidades de las finanzas públicas y de promover condiciones para una mayor inversión privada, nacional e internacional, en este sector. No debiese ser tan difícil diseñar un Plan Nacional de Infraestructura. Un poco de voluntad e innovación pueden hacer la diferencia.

A los guatemaltecos nos encanta la política pero detestamos a los políticos. Este es el nivel de contrasentido con el que vive el país desde hace ya buenos años. Las páginas de los diarios o el tiempo de los noticieros se centran en la política o en la violencia y los accidentes. Parece ser que es lo único que sucede en el país. Los demás temas son poco publicados o difundidos. Las conversaciones en reuniones sociales giran en torno de la política y las críticas permanentes a los políticos del presente o del pasado. Las soluciones que se proponen parecen buscar un manejo político, sin políticos y, menos, partidos políticos. Esto no es posible, ni aquí, ni en ninguna parte. Por tanto, sigue estancada la reforma política, la angustia sobre los potenciales candidatos presidenciales, y no se visualiza una solución.

En el tema gubernamental tampoco hay claridad. Cada vez es más confuso el esquema de toma de decisiones de la actual administración. No se explican las razones para cambios de funcionarios. Tampoco se entienden claramente las prioridades y el accionar es tan disperso que la sensación de estancamiento es generalizada. Existen buenos funcionarios en algunas entidades pero no hay percepción de que estén teniendo éxito en el impulso de sus agendas. La angustia es reflejo de la falta de dirección y de acción. Los trámites para obtención licencias o permisos se han vuelto eternos y ningún funcionario pareciera interesado en arriesgar decisiones en un entorno de creciente judicialización hacia el funcionario público. Existe la percepción que la institucionalidad gubernamental está muy fragmentada y debilitada. Ante el estancamiento y la angustia, la acción es la respuesta. Es tiempo de actuar más, de buscar los objetivos, programas y acciones que permitan iniciar la solución a nuestros desafíos, sean estos viales, políticos o administrativos.

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