Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Ni tanto que queme al santo ni poco que no le alumbre

— Jose Rubén Zamora
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He apoyado y reconocido la lucha frontal contra la evasión y la elusión fiscal. Incluso, he aplaudido con ingenuidad, admiración y respeto al superintendente Solórzano Foppa. Lo que no puedo tolerar ni aceptar son los abusos y excesos de poder de la SAT, que ignorando los debidos procesos administrativos y judiciales, llevan a los contribuyentes en todos los casos al campo penal, y con la pistola martillada en la cabeza, en medio de arraigos, embargos, intervenciones y vergüenza pública, sin posibilidad de defensa, y riesgo de cárcel, los obligan a pagar cantidades arbitrarias y desproporcionadas de impuestos.

La estrategia de persecución y terrorismo fiscal de Solórzano Foppa tiene aterrorizados a los empresarios, pues los jueces temerosos, en lugar de ser justos y privilegiar el imperio de la ley, se allanan y subordinan a la tiranía, a la ausencia de escrúpulos y al pragmatismo pervertido de la SAT.

Solórzano Foppa está dañando la reputación de las empresas y de los contribuyentes en general, abultando su estructura de los costos, pues han tenido que contratar auditores y abogados a cualquier precio, para intentar defenderse de la SAT, cosa que de todas maneras ha resultado inútil.

En adelante, las empresas y los contribuyentes deberán contratar de planta un abogado experto en tributos y un auditor experimentado, para estar seguros, que están realizando correctamente sus operaciones contables, financieras y fiscales, no obstante, si por el azar del destino les cae Solórzano Foppa y sus huestes terroristas, de nada servirán el rigor legal con el que han operado sus registros y sus libros.

Con buen criterio, han venido delegaciones de Honduras, República Dominicana y está por venir una de México, a invitar a los empresarios locales a migrar sus operaciones a sus países.

Los contribuyenates deben cumplir con rigor sus obligaciones y responsabilidades fiscales, pero, cuanto antes deben salir del pánico y el letargo y pasar al ataque y defenderse colectivamente del abuso de poder y terrorismo de la SAT.

Por qué Solórzano y sus huestes no muestran el mismo arrojo y osadía con las mafias militares y criminales, que tienen control de las fronteras y de las aduanas de los aeropuertos y fundamentalmente de los puertos, que defraudan al fisco más de Q12 millardos, equivalente a 3.8 por ciento del PIB. Si realizaran esta tarea con el mismo ahínco, la carga tributaria podría alcanzar el 15 por ciento del PIB.

Sin cambiar objetivos ni los resultados esperados, Solórzano Foppa y la SAT deben someterse al imperio de la Ley, y dejar de lado sus abusos y excesos autoritarios, característicos de países bananeros, y, más bien, buscar institucionalizar el cobro de los tributos de manera técnica, sin devaneos ideológicos, enmarcado en la leyes y jamás perder de vista, que quien siembra vientos cosecha tempestades.

Como bien dijo Gandhi: A lo largo de la historia, siempre ha habido tiranos, y, por un tiempo, han parecido invencibles. Pero siempre han acabado cayendo. Siempre. O, como se suele decir en Guatemala: no hay enfermedad que dure cien años ni enfermo que la aguante.

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