Martes 19 DE Febrero DE 2019
Opinión

UNICAR (Tercera y última parte)

Gracias UNICAR.

 

— Danilo Parrinello
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En las dos semanas anteriores escribí sobre UNICAR, su génesis y parte de su historia; hoy termino este agradecimiento a UNICAR en general y al doctor Rafael Espada en particular ya que él fue quien me operó, practicándome tres bypasses aortocoronarios, y apoyó en los días que estuve hospitalizado brindándome sus atenciones, así como su amistad sin que nos conociéramos de antes demostrándome su gran calidad humana. Al doctor Rafael Espada lo había visto, pero no lo conocía, y debo confesar que por su paso por la política, tenía un concepto inexacto de él, pero al verlo en UNICAR, trabajando incansablemente desde las seis de la mañana, visitando a sus pacientes tres veces al día, siendo ejemplo para los jóvenes médicos que siguen sus pasos, y además dando consejos y derrochando simpatía, creo que ahora sí lo conozco y en buen chapín puedo decir que es el doctor Rafael Espada un tipazo.

Sin embargo, para que el doctor Espada logre los resultados positivos en su trabajo es necesario contar con todo un equipo en diferentes disciplinas por lo que deseo consignar los nombres de los que hoy constituyen UNICAR, encabezados como lo mencioné en mis anteriores artículos por el doctor Raúl Cruz Molina, Director General, pionero de la cirugía cardiovascular en Guatemala.

El Consejo de Administración está constituido con los doctores Mario Alberto Figueroa Álvarez, Carlos Enrique Soto Menegazo y Juan Esteban Salazar Duarte, que representan al Ministerio de Salud Pública. Además, por la “Asociación Médica Guatemalteca Dr. Rafael Espada” (AMEGESO) el licenciado Carlos Fernando Pellecer Arellano, el ingeniero Edgar Rolando Larrave Garín y el ingeniero Enrique Hegel. El doctor Espada se contenta con ser suplente de la entidad que lleva su nombre. Y finalmente por la Fundación “Aldo Castañeda”, el doctor Guillermo Gaitán y la señora Irene Soto de Grinnell. Sobre ellos descansa la administración de UNICAR. Teniendo su sede en su propio edificio del que puso la primera piedra el general Oscar Mejía Víctores en el año 1983.

Creo que con la operación que se me ha practicado, se me ha dado una nueva oportunidad de vida que bien pude no haber tenido; ahora que me encuentro aún en período de recuperación quiero consignar los nombres de todos los que directa o indirectamente contribuyeran a que pueda hoy estar escribiendo esto, y va por este medio mi profundo agradecimiento a los doctores Marco Antonio Cabrera Barahona, y su esposa Teresita Duarte de Cabrera. Al excelente cardiólogo y fino amigo doctor Sergio Leal Ponce. Y con el riesgo de olvidar algunos nombres, pido de antemano su comprensión, deseo agradecer de UNICAR al doctor Alejandro Amado, al doctor Víctor Manuel de Jesús Coronado Mansilla, al doctor Walter Antonio Mazariegos Samayoa y a la doctora Norma Ordóñez.

Consignar los nombres de todos mis familiares y amigos que me apoyaron en estas circunstancias, así como los que me buscaron y manifestaron su solidaridad me es imposible, y además dejaría de mencionar a muchos que se mostraron como verdaderos amigos, en estas circunstancias. Bien dicen que es en la cárcel y en el hospital donde se conocen a los amigos.

A todos mi profundo agradecimiento.

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