Jueves 21 DE Febrero DE 2019
Opinión

El mal olor de los derechos

Basta de criar cuervos que gozan a costa de los demás.

 

— Méndez Vides
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Lo que está arruinando a Guatemala es la sobredimensión y exceso mal entendido de los “derechos”, esos que borran del mapa el complemento ciudadano de las “obligaciones” y el deber. La responsabilidad no vale para quienes ven próximo el fin del mundo, o creen en las fantasías de Stephen Hawking, que anda anunciando el éxodo humano hacia otros planetas en cosa de cien años. El poderoso imperativo categórico kantiano de actuar según el deber: “Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad siempre pueda valer al mismo tiempo como principio de una legislación universal”, cedió terreno a la satisfacción de los caprichos cortoplacistas de la voluntad y la experiencia moderna. La actitud egoísta nos está arruinando.

Cada quien vela por su interés, que ahora se consigna como derecho. La educación blanda y perversa contamina a los jóvenes que ya no quieren aprender ni trabajar, de ahí que Guatemala destaque en la estadística de los NINIS, esos especímenes que ni estudian ni trabajan. Obviamente, el desempleo afecta, porque no hay opciones. Cifras del CIEN indican que, a una masa de 6 millones de trabajadores, mayoritariamente informales, se suman cada año 180 mil nuevos prospectos, y solo 25 mil son absorbidos por el sistema, luego son muchos los brazos que quedan fuera de la ecuación, inmóviles, aunque exigiendo su derecho al empleo, a la salud, a la comida, al deporte y al trato decoroso en las prisiones, entre otros.

¿Pero a quién se le exige el cumplimiento? Al Estado, esa institución que mal se entiende como un órgano ajeno e independiente, cuando en realidad es parte de nosotros mismos, porque lo integramos nosotros eligiendo representantes. Nos estamos autocastigando, nos bloqueamos el paso en la vía pública, permitimos que nos chupen sangre las rémoras de los sindicatos, e impedimos la producción porque queremos que todo esté idílicamente tal cual era en la Edad de Piedra, pero exigiendo las ventajas modernas y el pisto de hoy.

En Guatemala, la meta es ordeñar a la vaca que es de todos. Todos piden, siguiendo el clamor de quien no llora no mama, y exigen, pero no todos contribuyen ni ponen parte en la construcción de la nación sino engendrando a diestra y siniestra, y sin responsabilidad. Son muchos los que toman leche al pie de la vaca, sin cuidarla ni llevarla a pastar. Por eso se desató tanto la extorsión, por eso hay quienes cobran a otros para escalar el volcán de Acatenango, o para entrar a Panajachel, Puerto de San José o La Antigua. La cosa es sacarle todo lo que se pueda a los demás, como si no fuéramos los mismos. La rivalidad es fomentada por la falta de entendimiento.

Hay que trabajar, aportar, comportarnos, aceptarnos y reconocernos, y basta de criar cuervos que gozan a costa de los demás.

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