Jueves 17 DE Octubre DE 2019
Opinión

Demoler ¿sin reconstruir?

La reforma política, la madre de las reformas.

 

Fecha de publicación: 11-05-17
Por: Edgar Gutiérrez

Estamos temerosos de cruzar el umbral de una reforma constitucional y, a la vez, tratando de escapar de un extenso tsunami político que sacude poco a poco hasta los cimientos a los poderes del Estado. Guatemala es un campo de demolición, donde los dueños de las viejas parcelas se niegan a salir de los derruidos edificios, y solo pocos están dispuestos a poner manos a la obra para la reconstrucción.

Los sujetos de la persecución penal (MP, CICIG) no pueden ser los sujetos del cambio, pues son externos al sistema político. Pueden sacudir el viejo sistema, buscando la aplicación estricta de la ley, pero no van a poder ordenar el sistema colocando a cada quien en su lugar. Sería mucho pedir y no corresponde a su naturaleza. Ese par de máquinas pesadas se hacen cargo de demoler o aplicar operación quirúrgica a las estructuras más viejas y arraigadas, no por eso menos  poderosas. Hacen también corte y perforación, a la vez que reciclaje.

Pero las reformas, que corresponden a la tarea de reconstrucción, al ser promovidas por sujetos externos al sistema y resistidas abierta y encubiertamente por los íconos del viejo sistema, polarizan el debate. Quienes han apuntalado por años el régimen patrimonialista (que les permite apropiarse bienes públicos) ven en la derrota de las reformas el debilitamiento de la CICIG, MP y hasta de la Embajada EE. UU. También en eso se equivocan y tiran el dinero. (Por cierto, impresiona qué cantidad de plata tira esa gente en net centers y campañas mediáticas inútiles.) La guerra de las reformas extravía el contenido y la discusión sobre rutas viables para tres objetivos: 1. Justicia independiente,
2. Acceso a la justicia de los pueblos indígenas (forjar eslabones entre el mundo indígena y el Estado) y 3. Abatir trincheras de la impunidad.

¿Cómo apuntalar la independencia de jueces y fiscales? Las Comisiones de Postulación son cohete quemado, y hasta hace poco eran condenadas por tirios y troyanos, por la exagerada politización de los nombramientos, pero ahora, de un plumazo, se rescatan como expresión de equilibrio republicano. Crear órganos con poder autónomo despierta otra vez temor, pues implica el riesgo de que los poderes corporativos y mafiosos que han capturado instituciones clave del Estado, pierdan ese poder.

Lo cierto es que, sin reformar las instituciones, los sujetos de adentro, sus sistemas y procesos, la tarea de demolición solo dejará ruinas, sin reconstrucción. El MP, la SAT y ahora la Contraloría producen resultados, pero en esencia siguen siendo instituciones con anomia. Sus fines están desconectados de sus procesos internos y por tanto de sus resultados. A propósito de resultados. Queremos resolver por arte de magia, en un santiamén, rezagos generacionales. Como si las leyes por sí solas cambian la realidad (es al revés). Las reformas institucionales son lentas, pues tocan la cultura burocrática del servicio público.

En resumen, hay que procesar las reformas constitucionales internamente, esto es, demandar del Congreso responsabilidad. Deben trabajarse simultáneamente los procesos institucionales de reforma: OJ, MP, SAT, incluso Contraloría, pues en sus nuevas leyes y reglamentos hay materia para los cambios. Y, no hay que olvidar, la reforma política, la madre de todas las reformas.