Lunes 24 DE Junio DE 2019
Opinión

López Bonilla y el nuevo fraude inocente

“Puede pasar casi en todas partes, pero no sucede en todas partes” (Hannah Arendt).

Fecha de publicación: 10-05-17
Por: Edgar Balsells

Fue gracias al periodismo investigativo de la revista ContraPoder que nos enteramos –en marzo de 2015– de los fraudes que tuvieron como epicentro a la Subdirección de Apoyo y Logística de la Policía Nacional Civil en la época de auge de los patriotas.

La trama es muy parecida a otros casos revelados por la Fiscalía Especial Contra la Impunidad –FECI–, contando con la ayuda de la CICIG. El denominado “Caso Patrullas”, no resulta ser más que una vieja práctica que contiene ingredientes comunes: personal puesto por conveniencia, militares retirados, secretarias y técnicos sin mayor formación profesional, contando con la presencia de los tradicionales “licenciados”, burócratas expertos en manejo administrativo y financiero por supuesto.

La mal llamada Subdirección de Apoyo, apellidada con el flamante nombre de “logística”, contaba con una espuria asociación de empresuchas de quinto patio, que se ocupaban de reparar doblemente y de no reparar autopatrullas, y además de “remozar” subestaciones policiales, demostrando ContraPoder que tal remozamiento no fue tal, y que el sudor y esfuerzo de los propios policías permitió que los chapuces evidenciaran algún resultado, con la ventaja de que la simulación de pagos por trabajos no hechos engordaron los bolsillos de quién sabe cuántos altos burócratas y políticos, y talvez los conspicuos obsequios a Baldetti y Pérez Molina.

Y así, cuando todo mundo clamaba por más seguridad y más justicia, una gavilla de burócratas, de bajos y altos vuelos, utilizaba todo el entramado logístico del Ministerio de Gobernación y de la Policía Nacional Civil para enriquecerse de mala manera, y además tomar ventaja de su poder y autoridad, que tal como lo escribió el tratadista Oscar Oszlack, uno de los roles favoritos de la burocracia es “perpetuarse a sí misma”.

El Caso Patrullas en su segunda apertura del telón sale a luz pública precisamente el viernes pasado cuando los altos burócratas del Estado chapín se aglomeraban en el Parque de la Industria para elegir al Presidente de su Colegio, siendo que el líder de la planilla ganadora, pasaba del susodicho parque a la carceleta de los Tribunales, por ser protagonista maquinador del Caso Patrullas.

Pero lo cierto es que lo que aquí debe importarnos no son las personas en sí, sino el sistema que permite una y otra vez esos entuertos, y que hace la vida muy dura a doña Thelma Aldana y don Iván Velásquez, porque los círculos en que estos burócratas se desenvuelven (instituciones y academia), se mueren de la risa de la lucha contra la impunidad y la corrupción, siendo que se reproducen como hidras, sabedores del manejo de los tentáculos de la corrupción y adoradores del mal llamado poder Contralor, que está completamente oxidado y vetusto.

Hay en estos casos una cotidiana práctica que hace del mal una banalidad y del fraude algo inocente, como seguramente alegarán los abogados defensores de los acusados, subrayando que “sus patrocinados” tan solo actuaron utilizando los debidos procedimientos de la administración pública; los que dicho sea de paso esta detestable clase política que tenemos se resiste a modificar en lo más mínimo.

Y es que como bien lo dijo Hannah Arendt para otra realidad y otra época tan terrible para la humanidad, como lo fue el holocausto judío: quizás, la naturaleza de toda burocracia es hacer del funcionariado unos robots de la maquinaria administrativa, deshumanizándolos por completo.

Así, los detenidos de altos vuelos, tan solo son practicantes del “fraude inocente”, tal y como lo describe magistralmente el libro póstumo de John Kenneth Galbraith: un producto de esa mezcla del mundo de los negocios, incrustado en la esfera pública y estatal.